El Deseo de la Noche (Por Ernesto Sandoval)

El Deseo de la noche
Por Ernesto Sandoval
Dedicado a Carlos Zaldívar
La semana había sido sumamente pesada; me encontraba cansado, pero de ese cansancio de tanto trabajar, físico, que agobia y fastidia; además estaba harto de tener que soportar a muchos mediocres alumnos que no aprecian el valor de mi esfuerzo al exponer mis temas.
Sentí la necesidad de tomarme un trago; hacía mucho tiempo que no bebía y realmente no era por falta de ganas, sino de tiempo. Era viernes, estaba a unas cuantas horas de terminar mis clases y ahora sí tenía tiempo para desahogarme.
Salía de mi penúltima clase, sólo me faltaba una,. Caminaba por el interminable corredor del primer piso de ese edificio; me dirigía al salón de mi última. Solamente deseaba terminar con esa labor, me repetía: una hora más… una hora más… sólo una…
Sorteaba los obstáculos que se oponían delante de mí; estas bestiezuelas que se movían de un lado a otro por ese corredor. Me proponía bajar las escaleras, cuando dentro de un grupo de alumnos, uno de ellos, uno de ésos que no faltan en una clase, ésos que se creen muy vivos, de los que hablan mucho, cuentan chistes, hacen miles de bromas a los demás, hasta dan consejos a sus condiscípulos; porque se sienten que han vivido todo, conocido todo, experimentado todo; pues uno de esos pelafustanes que se creen que valen todo porque su papá es don dinero, me preguntó:
- Oiga “Prof.” ¿Conoce el bar La Última ilusión?
- No, no lo conozco.
Fingí no conocerlo, pero en realidad había entrado ahí varias veces; en él la atmósfera es festiva y relajada; hay una excelente variedad; uno es atendido por bellas edecanes muy complacientes por cierto; pero tiene un problema es elitista, selecto y muy caro. Había dicho que no lo conocía, fingí totalmente, pero en realidad era de mis preferidos; lo dije para no parecer el bebedor que me había convertido, para disimular al profesor serio, educado y bien presentado que represento y para ellos me siguieran viendo de esa manera.
Aquel alumno que me cuestionaba, continúo:
- ¡Ah! Pues lo puede conocer “Prof.” Aquí tiene unos pases de cortesía; mi padre es el dueño. Vaya hoy por la noche hay un desfile de tangas buenísimo y con esta tarjeta le dan dos copas de cualquier vino nacional o extranjero gratis.
- Mira, esta invitación más bien parece a soborno o querrás que se refleje con tu calificación.
- ¡No, cómo cree!
- O ¿me viste la cara de borracho? – Le dije sarcásticamente
- ¡Oh! Prof. no sea así, yo no pienso que usted sea un borracho; sí se los doy es por tener un cliente más. Vaya, se va a divertir.
- Bueno, te los voy a aceptar por la curiosidad que me despierta el lugar, pero ni creas que esto se verá reflejado en tu calificación o algo por el estilo.
Mi mente y cuerpo decía: ¡Ya la hice! Yo, que soy el sediento en el desierto, encontré un oasis en donde apaciguar la furia que calmara esa sed interna que tenía.
- Vaya Prof. No se va arrepentir – volvió a decirme.
- ¿Vas a estar por ahí? – le pregunté.
- No, no lo creo, casi no puedo estar por ahí; usted sabe, últimamente la ley a caído por esos lugares y como soy menor de edad mi padre no quiere tener problemas; además, tenemos “reven” en la casa del “Edy”.
- Pues mira, quizás vaya, pero un rato, sólo por no ser descortés con los pases.
Esas cortesías me habían tranquilizado, pues el lugar a donde iría ya no era problema, ahora buscaría a alguien que me acompañara.
Salía de mi última clase, en ese momento pasó, como caído del cielo, el “Roger”, el profesor Rogelio Garduño; el buen Roger nunca decía que no a una buena guarapeta en cualquier lugar.
- ¡Roger!, - le grité desde la puerta del salón, haciendo el clásico ademán con la mano de : ven.
- Voy de prisa a la dirección – me gritó – te veo en unos quince minutos.
Estos quince minutos que son de media hora ya me los sé. Tuve que esperarlo.
Platicaba con la maestra Paty de algunas cuestiones sobre la actual política que aquejaba al país, cuando se acercó a nosotros Rogelio.
- ¡Qué pasó! – me dijo – ya nos vamos.
- Vámonos mi buen Roger. – Le respondí.
- Maestra Paty, me tendrá que disculpar, en otra ocasión terminaremos nuestra plática; el profesor Rogelio y yo tenemos un retiro espiritual con unas hermanas de la caridad en un templo que no está muy lejos de aquí.
- Sí, me imagino a que clase de templo y hermanas se refieren – sonreía burlonamente.
- Por favor maestra Paty, no piense mal de nosotros, somos incapaces de hacer algo inmoral – decía mi buen amigo Roger.
Partimos en tre risas al estacionamiento de la escuela. Subimos al auto de Rogelio, dentro del cual él me preguntó:
- Y ¿a dónde va a ser?
- ¿Ya comiste? – le pregunté.
- No, a que hora mi hermano.
- Pues dirígete a “El Mandarriazo”.
- ¡Ah! Sí a la cantina de don Pepe.
- Sí, sólo vamos a la botana, ya ves que ahí es muy buena – Roger mostraba una cara de
Satisfacción que al igual que yo, alguna vez creí que en los treintas uno ya no se emocionaba
¿Qué Crees? Conseguí unos pases para el bar La Última Ilusión.
- En serio, ¿quién te los dio? – Roger me preguntó con gesto inquisitivo.
- Un alumno, dice que su papá es el dueño.
- ¡Oye! Pero nos va a ver ahí; nos va a ver tomando y puede ser un problema para nuestra
reputación.
- ¡Uy! Ni tan buena que la tuvieras mi buen Roger.
- Bueno, pero no es conveniente tener testigos.
- Mira, este alumno no puede entrar al bar, bueno si puede, pero no creo que vaya el día de hoy.
- ¡Ah! A si está mejor.
Eran como las dos de la tarde cuando llegamos a la cantina; pedimos unas cervezas y con ellas nos sirvieron la botana. Conversamos de los últimos acontecimientos – chismes – del colegio: que si la maestra Del Castillo salía misteriosamente con el Subdirector López; que si el profesor Godínez estaba muy delgado y se le había pronosticado una extraña enfermedad; que más de una de las muchachas del colegio había salido embarazada en lo que va del ciclo escolar; Rogelio me platicaba sus últimas conquistas amorosas; yo le comentaba del inmenso trabajo que últimamente había tenido. El tiempo se consumía rápidamente al igual que las cervezas, ya era tarde y decidí que era tiempo para dirigirnos a La Última Ilusión.
- Roger, creo que ya es tiempo de emigrar.
- Espérate , nos tomamos ésta y nos vamos- ¿dónde he escuchado esas palabras?
La última cerveza fue de tres para cada quien, salimos algo felices del Mandarriazo; yo con al suficiente enrgía para pasármela bien, con el deseo de mórbido de asistir aquel bar en el que mucho me divertía. Daban las diez de la noche, la hora buena para abordar el sitio de retiro. Sin embargo, a veces surgen cosas que echan a perder un buen momento.
- Creo que no te voy a acompañar hasta el final esta vez – me afirmó Roger.
- ¡Cómo que no vas a poder! Sí siempre puedes.
- Esta vez no.
Me dijo que iba a acompañar a uno de sus hijos que tenía una excursión, a no sé que sitio lejano, para hacer una investigación de no sé que rayos; que no podía fallarle pues se lo había prometido desde hacía mucho tiempo. Se disculpó diciéndome que si le hubiera dicho un par de días antes lo habría solucionado con su esposa para que ella lo acompañara; habría sacado los siempre útiles recursos; que tenía una junta de maestros, que la reunión de la generación se adelantó, no puedo ir porque tengo exámenes y trabajos que calificar, nos dieron un curso de último momento, etc. Le creí, pues nunca y al decir nunca es que jamás había abandonado una fiesta, reunión, celebración o cualquier parranda; era de los que siempre se iba al final, de los que aguantan estoicamente a cualquier compañero en desgracia. Para reconfortarme un poco me comentó:
- No te preocupes, te voy a acompañar un par de horas.
- Es muy poco, Roger – le mencioné.
- Sí, pero cuanto tiempo más vas a estar, o te la vas a seguir hasta que aguantes. Ya no estamos para esos trotes.
- No me digas eso tú. Tú eres de los que se la sigue hasta el otro día.
- Reconozco que soy de esa clase, pero no te creas, las últimas veces me he puesto hasta el gorro, ya no la he librado muy bien, las crudas han sido tremenda; creo que aquí se aplica el dicho de “todo por servir se acaba…” y creo que le he dado un gran uso al cuerpo bebiendo demasiado.
A pesar de la reputación de tomador que se había ganado Roger, todavía tenía la responsabilidad de cualquier hombre de hogar, sin exageraciones, claro, pero aún cumplía bien sus funciones como esposo y padre de familia. No argumenté más, nos dirigíamos a La Última Ilusión.
- ¡Oye! ¿Por qué no vamos al “Coyote Cojo”?- me preguntó Roger- lo acaban de renovar y
Quedó de lujo.
- Y vamos a desperdiciar los pases, no gracias.
- Está aquí a dos minutos y para llegar a La Última Ilusión hay que cruzar la Avenida Principal que todavía en estos momentos tiene mucho tráfico, nos vamos a tardar más tiempo.
- Lo que pasa que el “Coyote” te queda de paso y es más fácil para ti, para llegar a tu casa.
- Aún así, el lugar está muy bien.
- Por cierto, me dijeron que entra todo tipo de gente en ese lugar – le comenté ingenuamente.
- ¡Te dijeron! ¡Sí ya has entrado!
- Pero no me gustó.
- Mira, es nueva administración, el lugar quedó muy bien y hay unas chicas…¡sabrosas!
- No me convences Roger – movía la cabeza negando.
- Yo pago una botella del ron que te gusta.
- Se pone interesante.
No acababa de decir esto, cuando ya estaba estacionado el auto en el “Coyote”.
- ¡Oye no! – le reclamé – todavía no me convences.
- Pues ya estamos aquí.
Apagó el auto y sin que yo pudiera decirle algo bajó de él. No tuve otro remedio que seguirlo.
- Te pasas “pinche” Roger.
- Te va a gustar ¡hombre! – me lo decía cínicamente.
- Pues ya que puedo hacer, así a la mala…
Entramos al lugar que en efecto había cambiado. El coyote era un lugar para todo tipo de personas, lo mismo entraban los obreros de las fábricas que abundaban en la ciudad, choferes, traileros, maestros albañiles con sus chalanes, empleados de oficinas, vendedores que cerraban sus negocios ahí, ingenieros y hasta uno que otro ejecutivo que también disfrutaba esa clase de antros.
Nos sentamos en una mesa al fondo del lugar, casi pegada a la pista de baile; de inmediato se acercó un mesero con la carta de los vinos preguntándonos si deseábamos ordenar algo.
- Tráenos el mejor ron que tengas – contestó Roger sin mirar la carta.
- Inmediatamente – nos contestó el mesero.
Un grupo tocaba música de todo género bailable, los parroquianos del lugar, como lo había comentado eran de lo más diverso; aun lado nuestro un grupo de cuatro sujetos se sentaba haciendo ronda a uno de ellos, quizás era el maestro; eran mecánicos, las manos llenas de esa grasa obscura que parece nunca se les cae los delataba; a otro costado estaban tres empleadillos, sus trajes baratos delataban su oficio, más borrachos que cualquiera de los que estábamos ahí, argumentando quien trabajaba menos, quien cobraba más, quien era el de las mejores transas, casi gritaban; se les escuchaba en todas las mesas cercanas. Frente a nosotros un bebedor solitario de estilo elegante, cincuentón, de esos que parecen saber lo que quiere; en otro lado varios jóvenes que parecían universitarios por su vestimenta y forma de hablar; en fin, varias raleas se juntaban en el lugar.
A pesar de todo y todos, realmente uno se la pasaba bien. Las chicas que pululaban en ese bar se nos presentaban a cada momento, solicitándonos que si les invitábamos un trago o si no queríamos bailar con ellas o a sentarse con nosotros para acompañarnos. Roger estaba deseoso; no obstante, la inquietud de que se tenía que ir en cualquier momento lo detuvo por solicitar la presencia de alguno bella dama.
Bebíamos y comentábamos; Roger me hablaba sobre algunos cursos que estaba tomando, los cuales no se impartían en la escuela donde laborábamos, tenía que ir a un centro lejano y le costaban muy caros; yo le mencionaba que el trabajo me estaba matando pues trabajaba en dos instituciones, además daba clases particulares y los fines de semana asistía a un diplomado. Ésa era el tipo de charla que sosteníamos; sin embargo, las palabras ya no salían fluidas, las ideas eran pesadas, el alcohol había provocado su efecto.
- Ya me tengo que ir – dijo Roger pesadamente.
- Bien, te vas pero hasta que se termine la botella- le contesté
- No seas gacho, me tengo que levantar temprano.
- Roger, me vas a dejar colgado.
- Te lo había dicho desde antes.
- Está bien, no te detengo…
Se despidió de mí; salió rápido como quien se fastidia de una fiesta y ya no quiere estar, no era su caso, porque sabía que se quería quedar y como algo en mi interior sabía que no debía desviarlo de su propósito de acampañar a su hijo; no tuve mayor remedio que dejarlo ir.
Tres copas me tomé para que se terminara la botella, el mesero presto, se me acercó diciendo si se me ofrecía otra cosa; le dije que me trajera otra botella igual. La noche era joven para mí, tenía sed y habría que calmarla.
Solo, en mi mesa, esperando que ocurriera algo sin saber que; escuchaba la conversación de lso sujetos de mi alrededor. En la mesa de los mecánicos, el más avezado en esas lides que al parecer era su jefe; les decía:
- No mis chavos, para afloje el puerquesito una “lady” hay que saberla trabajar.
- Pues que se vea mi “Mai” Aguilar – decía uno de ellos con una avidez con la que se quiere aprender algo que a uno le interesa.
- Miren, lo primero que hay que hacer es no verse que vas sobres. Hay que darle chance de que confíen en uno, que vean que hay estilo, que hay categoría.
- ¡Chale! “Mai”pues de donde nos va salir eso. Con estas garras y estas jetas – se señalaba hacia sí mismo y a sus compañeros.
- Lo segundo que tienen que aprender es que el rollo mareador es el que las envuelve, no hay que ser tan carita ni andar con buenos trapos; mientras andes limpio y tengas lo más importante: ¡billete! Con que sostener, no hay bronca mis chavos.
- ¡Órale! “Mai”, pues “haistán” tres nenas bien puestas – le sugirió otro de ellos – siéntelas aquí en nuestra mesa.
- Fíjense como se hace – el maestro mecánico les invitó una copa, con la mayor cortesía de la que era capaz; pero las chicas de ese y otros bares, como bien lo decía el maestro Aguilar, se sientan con cualquiera que traiga dinero para invitarles un trago o para sacarlas a bailar; que lo de ser guapo y bien portado casi sale sobrando.
Las chicas se sentaron advirtiéndoles que les iban a cobrar por terminarse con ellos la botella de brandy que había sobre la mesa; así comenzaron a platicar y a bailar; yo me divertía con ese cuadro; fui al baño cuando el maestro Aguilar sostenía una discusión en tono de guasa con una de ellas.
- ¡Son falsas! – Aguilar le decía a una de las mujeres.
- ¡Cómo crees! – le decía la mujer entre risas.
- Han de ser operadas – continuó Aguilar, aludiendo sus senos.
- ¡No! Estás loco, como van a ser operadas – soltando una carcajada que hizo que voltearan sus compañeras.
- Pues las tienes muy grandes para ser naturales – seguía diciéndole Aguilar.
Estaban en esa discusión cuando iba al sanitario. No me había dado cuenta que tan mareado estaba hasta que me paré de la silla; creo iba zigzagueando, pero recompuse el paso, me sostuve firme. Al regresar Aguilar tenía la situación controlada, su propósito lo habñia conseguido, la chica con quien discutía mostraba uno de sus senos, Aguilar le decía:
- Déjame ver… -acariciaba el seno de la mujer, sus lujuriosos ojos inspeccionaban el seno redondo y voluptuoso – No lo sé, creo sí son operados, o tú ¿cómo lo ves “Agus”?
- A ver – el Agus se acercó para dar su diagnóstico, tomando el seno de la mujer que ni se inmutaba.
- Ya ven como si son naturalitos – reparó la mujer.
- ¡No! – dijo Aguilar – tengo que ver el otro, éste se ve bien pero tenemos que ver los dos. – la mujer entre risas y la mirada atenta de aquellos hombres, mostró el otro seno.
- A ver que opinan de éste – decía la mujer burlona.
- Se ve natural – le decía Aguilar mientras manoseaba el otro seno – creo que si son naturales. A ver mi “Rafa”, venga a dar su veredicto, diga si son o no son.
Continuaron tomando, bailando, discutiendo, manoseando… Así son este tipo de lugares, a los que me había aficionado ya sea por tomar un trago, por no sentirme solo, por platicar con alguien, distracción, no lo sé.
Ya bebía el final de mi botella, casi me disponía a salir de aquel bar, cuando, de pronto, surgió de entre la gente que bailaba en la pista, como de entre bruma de un paisaje místico,
De entre un haz de luces, de la espesura de la música a ritmo de salsa; caminando orgullosa, altiva, con gracia y elegancia; una mujer que creí haberla visto en alguno de mis sueños enturbiados de deseo. No lo dudé, no repararé en preguntarme, sólo fue la mágica atracción de un macho en celo por la leonesa figura de la dama que aparecía ante mí. Me puse de pie, camine dos o tres pasos para ponerme exactamente enfrente de ella, para obstaculizarle el paso, y decirle: aquí estoy, te estuve esperando toda la noche, creo que valió la pena la espera, siéntate junto a mí y disfrutemos en este lugar, en esta noche, todo el sentimiento que había estado estancado para derrocharlo en ti. Claro que no se lo dije, pero en mi mente en verdad pasó todo este cúmulo de ideas que en ese momento descargué.
- ¿Te puedo invitar algo? – le pregunté con la mirada y el gesto que pondría cualquier galán de película de Holliwood; aunque que yo sólo llegaba a galán de un bar de segunda. Pero estaba decidido, creí tener todo el temple necesario para invitar a tan elegante dama.
- Por supuesto, mi amor lo que tu quieras- me dijo; en ese enstante sentí latir mi corazón, senos sentamos en mi mesa y con aire de no decepcionar a mi dama le pregunté:
- ¿Qué quieres tomar coñac, champaña, lo que quieras?
- ¿Qué estás tomando? – me preguntó delicadamente
- Estoy tomando ron.
- No te preocupes, tomaremos ron.
- Pero ya se me acabó la botella; podemos pedir lo que tú gustes- le dije con un tono muy sugerente.
- ¡Mira! Del ron que estás tomando es bueno – levantó la botella que tenía, estaba caso vacía – pide otra igual.
- No te importa tomar ron- le dije incrédulo- creo que alguien como tú bebe otra clase de vino.
- ¡No importa! El vino es lo menos cuando se está con alguien como tú, -esta vez sentí mis piernas doblarse; me decía a mi mismo, que tengo, quizás el ponerme borracho me hace atractivo para alguna clase de mujeres, es un instinto salvaje de pronto brota dentro de mí y aflora en todo mi exterior provocando una reacción química de “sex appeal”. No, más bien estaba de suerte y pretendía aprovecharme de esa suerte y de ese momento.
- Pues pidamos otra botella de ron- dije, levante la mano para ordenar al mesero – otra botella del mismo, por favor.-el cuerpo lo sentía ensanchado, me sentía enorme, puse mi mejor tono de voz y le pregunté- Por cierto ¿cómo te llamas?.
- Desiré- contestó cachondamente; su voz sonaba un poco gruesa, ronca más bien, pero ésa era el tipo de voz que me seducía.
- Desiré… Desiré… suena interesante – afirmé – en inglés esa misma palabra significa “deseo”; claro se pronuncia diferente.
- Sí, así es, creo que el mío es en francés-me lo decía con una sonrisa coqueta.
Si alguna vez deseé a una acompañante, el sueño esta vez se me había cumplido, ya estaba aquí; tenía un deseo a mi lado, con toda la ventaja a mi favor, pues le gustaba. Era raro encontrarse a una persona dotada con ciertas facultades intelectuales, nada para presumir, pero para ese lugar y las circunstancias era extraordinaria. Tenía, además lo que se necesita para una buena conversación sabía escuchar y hacer comentario oportuno cuando era debido; su discurso sonaba como de reflexión y experiencia que me agradaba, pues no solía ser pesado o aburrido. Hablamos sobre la política y nuestro presidente; de la pasión que nos despertaban los deportes, a mí me gustaba el béisbol a ella la natación; sobre cuales eran nuestras pinturas preferidas; la música que nos gustaba, curiosamente a ella como a mí nos gustaba el rock hablamos sobre varios grupos; ella prefería a grupos legendarios ingleses. Todo el bullicio que reventaba en aquel bar se había escapado, ya no lo sentía, ese ángel disipaba todo a su alrededor.
Aquella resultó una conversación de lo más variada y amena; disfruté cada parte, pues no discutíamos sino aportábamos cada quien algo al tema en cuestión. Debimos haber platicado unas tres horas, no recuerdo a que hora de la madrugada sería, pero ya sentía mucha pesadez en la cabeza; por lo que, antes de que la memoria o el cuerpo me traicionara le sugerí una franca y sincera invitación a mi departamento, pensé que no tendría éxito; sin embargo, me dio un definitivo “sí”, que casi me pellizco por sentir que soñaba. Pagué la cuenta. Le di al mesero una buena propina y le dije que me pidiera un taxi; salimos del lugar no sin que antes ella arreglara su situación en el lugar; casi era la hora de cerrar.
En el taxi el conductor me hacía ciertos ademanes por el espejo retrovisor que no pude entender; le pregunté si se le ofrecía algo, pensé que estaba tomado o algo así; no obstante, me dijo que no.
Subíamos las escaleras hacia mi departamento, aún no daba crédito que ese bombón estuviera conmigo subiendo la escalera al cielo; creo que solamente en mis sueños guajiros me podía suceder. Sin embargo, ella iba con aire resuelto de quererlo también, de sentir que mi presencia le agradaba, incluso creo que hasta me disfrutaba.
Ya adentro, estaba a punto de invitarle un trago cuando sin más ni más se me arrojó dándome un beso.
- Mejor vamos a ponernos cómodos – me sugirió ella – creo que ambos sabemos a lo que venimos, ¿no te parece?
- Por supuesto – afirmé yo – sólo déjame poner algo de musica.
Tenía un disco compacto que había grabado para una ocasión de esa naturaleza; lo llamaba el “disco prohibido” con música de la que a mí me excitaba, algo de Dire Strais, Gary Moore,Santana, etc. Esta es música, pensé, entonces decidí no dar tregua, de inmediato entramos en la recamara, pensé en encender la luz, pero ella no me dejó, también me atrapó como un tigre a su presa, los dos nos desatamos en una pasión desenfrenada de deseo.
Los rayos del sol daban en la ventana de la recamara, lentamente fui abriendo los ojos, de inmediato sentí la cabeza pesada, así como abría los ojos el dolor de cabeza subía de intensidad, la resaca, pensé; no me importaba pues después de lo ocurrido ni el dolor de cabeza podría mitigar la absoluta felicidad que me provocó mi “deseo”. Giré la cabeza para ver a Desiré, no estaba, se había levantado; se estaba duchando, traté de incorporarme; quise agarrar el reloj despertador que estaba sobre la cómoda y lo tiré.
- Ya despertaste- me gritó Desiré desde el baño.
- Sí- respondí
Me senté en la cama, intenté relajarme, moviendo la cabeza y los brazos; en ese instante Desiré salió rápidamente del baño; la escena fue impactante, un golpe me sacudió de súbito; no podía dar crédito a lo que veían mis ojos; ésa era Desiré. No pude decir una palabra; ella me miró y se sorprendió.
- Te sientes bien – me dijo – te ves pálido, seguramente tienes una resaca muy fuerte.
No, respondí; quede atónito, ésa era su voz, pero que había pasado con su cuerpo; parece que nos habíamos dormido y el sueño de ella había durado más que el mío, treinta y cinco años más supongo; era una anciana.
¡No puede ser! El cabello la ropa era la misma; sin embargo, su cuerpo no era el mismo, su piel y rostro habían cambiado; no le pude decir nada, que podía decir. Sólo se pintó los labios en el tocador y me dijo:
- Anoche estuvo muy bien… excelente diría. ¿tú que opinas?
- Bien –fue lo único que pude articular. Ella tenía prisa o sabía lo que iba a pasar.
- ¿Nos veremos en otra ocasión? Supongo.
- Sí.
- Mira, te dejo mi número telefónico – lo había apuntado en un pedazo de papel – me puedes llamar o si vas al bar mejor aún.
- Sí.
- Bueno nos vemos – me dio un beso en la mejilla rápidamente sin que pudiera hacer o decir algo más. Abrió la puerta y se fue.
No había salido de mi asombro, no podía creer lo que le pasó a ese ser angelical que había visto anoche; la mujer que despertó pasión, desenfreno, el deseo, tanto intelectual como físico no podía ser ella. Aquella Aura no había pasado sobre mí. Moví fuertemente la cabeza de un lado a otro tratando de recobrarme y decir que no era cierto, que era una pesadilla que estaban jugando conmigo; esperé desde la venta na de mi departamento que ella pasara para comprobar que la cruda me había hecho ver ese espejismo. Estaba atento con los ojos bien abiertos, pasó, clavé mis ojos en ella y me desplomé sobre el piso de la recamara. Era una anciana.
Ernesto Sandoval Licona
Noviembre de 2003.

Alejandro Sanz

ALEJANDRO SANZ

El Reciente Padre

Por Carlos Zaldívar

La noche estaba naciendo y pareciera que la oscuridad ya había avanzado en vísperas del nuevo amanecer. No. Apenas pasarían las ocho treinta y cinco horas de la noche. El Auditorio Nacional, recinto predilecto de los músicos pop, daba la bienvenida al cantautor español Alejandro Sanz. El gran escritor, compositor, y poeta por ocasiones, daría una majestuosa presentación ante algunos seguidores, fans y miles de alocadas por él.

Asistí como espectador por primera vez a un concierto de este tipo. Aunque el respeto y la admiración deben prevalecer para las canciones de cualquier artista, en este caso pasarían a segundo plano, pues para Alejandro también es importante su imagen y la comercialización de la misma. Recordemos el fracaso de Yekina Pavón a principio de la década de los ochenta.

Inició con éxitos de su más reciente producción y luego mezcló algunos de sus primeros hits. También incluyó un popurrí que fue coreado por toda la multitud.

Se caracteriza por su gran emotividad al componer y tocar la guitarra, sus letras sobre pasión, erotismo, amor, deseos y decepciones llenan las expectativas de cualquier ser humano que pueda comprenderlo. Posiblemente sus letras expresen experiencias propias o se anteceda a hechos posibles para evitarlos.

Prominente músico y as de la guitarra que posee una voz de conquistador. Las partes acústicas dejan buen sabor de oído y sus manos llenan de una velocidad constante, suave y clara todas las cuerdas… es un nuevo tipo de caricia instrumental.

Poco antes de terminar su presentación, hizo una breve pausa musical para presentar a su equipo de colaboradores. Fue una pausa al muy al estilo de Dave Brubeck, un jazz tranquilo y de gran silencio para distinguir claramente la voz de Alejandro al mencionar los nombres de sus músicos.

Tres cambios de vestuario, dos tecladistas, tres coristas y una gran variedad de percusiones que opacaron totalmente a las cuerdas, hicieron vibrar al Auditorio. Por esto cabe destacar que no existen guitarras líderes o principales. En sus álbumes la guitarra líder es la del mismo Alejandro.

Después del encore esperado y con altísimos decibeles de los gritos femeninos agudos, regresa para interpretar una rola acústica, que dedica a varias personas, entre ellas a su pequeño bebé.

Hay que reconocer que es un artista completo: escribe, arregla, toca, produce y actúa con gran elegancia sus letras.

No soy muy fanático de Alejandro, pero reconozco que fue muy buen concierto.

¡Enhorabuena al nuevo papá!

Regina Elizabeth: A Great Gig In The Sky



REGINA ELIZABETH
A Great Gig In The Sky
Por Carlos Zaldívar
Es prodigioso el hecho de crear y recrear en la mente teorías sobre el origen del hombre. Lo que sin duda es irrefutable es el nacimiento de un nuevo ser, un ser humano que comenzó a vivir sus primeros días en el vientre de una mujer, una madre. Nacer, vivir, reproducirse y morir. Biológicamente es fácil comprender la anterior definición de nuestra existencia en el universo, pero ¿Y el alma, el espíritu, y el objetivo concreto de nuestra misión a cumplir? Podría explayarme en buscar las respuestas y seguramente no concluiré con leyes, sutilezas, ni sofismas. Lo que sí es seguro es que La Naturaleza tiene las respuestas y no a todos se las da.
Para los que somos padres es bien sabido que un hijo es una bendición para la familia, nuestra familia. Y no podemos ser exigentes en pedir en específico el sexo de nuestro hijo, un niño o una niña. Meras trivialidades. Debemos aceptar y prepararnos porque La Naturaleza nos manda a quien necesitamos, quien nos va a sacar adelante en nuestros proyectos de vida, a ese pequeño ser que llenará de alegría nuestro seno amoroso. Planeamos vivir un embarazo con el sentimiento de la sorpresa y el ímpetu de saber los deseos de la Naturaleza, y esperar al nacimiento; y así evitar caer en el materialismo de saber con anticipación, comprar y consumir, de ir en contra de la naturaleza. Decidimos prepararnos para tal acontecimiento y vivir plenamente esta espera.
Así, y a pesar de mi escepticismo, asistimos al curso psicoprofiláctico instaurado por mi tía Monique y Maica en el Hospital Mariajosé. Un curso sabatino que tropezaría con otras actividades que debimos interrumpir. Aquí continuaría nuestra fantástica aventura de preparación para recibir a nuestro bebé.
De entrada, un curso impartido por un dúo de mujeres totalmente aptas para trabajar en equipo: una objetiva otra subjetiva, nuestras guías y maestras ideales para tal acontecimiento: las Doulas perfectas.
Un curso lleno de pláticas, ejercicios, videos y experiencias compartidas por parejas; mismas que aseguran que el acontecimiento que vivieron, de recibir a un hijo, es un evento fantástico, increíble e inimaginable. Lo dudaba. El ser humano es la máquina perfecta, diseñada por la Naturaleza y para que respete a la naturaleza, salvo casos de extrema necesidad donde puede intervenir un bisturí. Una máquina a la que se le trata de igualar, y que podrá ser por un solo detalle: la esencia humana del alma y el espíritu, el de que una parte pueda llevar en su vientre a otro ser humano, otra alma, otro espíritu.
Un embarazo al estilo Platónico, sobre ideas y pensamientos, sobre la tendencia a la perfección y el poder ser virtuosos, vivir con la esperanza... que pronto llegaría.
La cohesión entre los integrantes del curso fue importante e hicimos partícipes a nuestros hijos, niños y niñas. A veces le hablábamos de Él (¿Y si es niña?), y otras de Ella (¿Y si era niño?), pero siempre tomándolo en cuenta. Por esto nos prepararon en todos los sentidos, quitando mitos, leyendas y hasta tabúes sobre los nacimientos, los embarazos y “lo que la gente dice”, educándonos como padres y como futuros alumnos de nuestros hijos.
Todo nuestro embarazo fue enfocado a un parto natural, y se nos recomendó el parto acuático, mismo que nos mostraron por videos y pláticas, pero quedamos inmersos en una laguna de faltantes. Así que no decidimos en tal momento y seguimos preparándonos. El aprendizaje significativo estuvo siempre en todas las clases, caso opuesto, nos hubiéramos retirado del curso.
A la par del curso estuvo la búsqueda del hospital perfecto, que nos permitiera realizar el parto lo más natural y acorde a nuestras peticiones, y casi ninguno lo cumplió, pero esta es otra historia.
Al final del curso se nos pidió que entregáramos la hoja con nuestra opinión, misma que nos negamos a hacerlo. Creo que se nos pidió por protocolo y la hubiéramos contestado también por protocolo. Hoy, el testimonio del curso, sus expectativas y del mismo nacimiento... son las presentes líneas.
Tras un breve lapso, llegó la semana treinta y ocho, y a partir de ese momento nuestro bebé estaba listo por llegar, sólo debíamos esperar a que Él lo quisiera así. “Los bebés deben nacer cuando ellos quieren, no cuando el doctor lo quiera..”, frase que tomamos mucho en cuenta y por consiguiente siempre le comentamos a nuestro bebé: “Nace cuando estés listo y quieras... hijo(a)” Así lo esperábamos.
Treinta y ocho, treinta y nueve y cuarenta. Tres semanas de intensos nervios y de ganas ya de tenerlo(a) en nuestros brazos. Y así llegamos a la semana cuarenta y uno, el último jueves del mes de junio. Este día, nuestro bebé inició sus avisos de que ya pronto llegaría.
Terminando el ocaso de ese jueves, ya estábamos todos listos, acompañados de mi tía Monique, nuestra Doula elegida, y del Dr. José Luis Larios, nuestro amigo ginecólogo. Ese mismo día decidimos que fuera un parto acuático, que era lo único faltante para considerarse “el parto perfecto”.
Entradas las primeras horas del viernes veintisiete, estábamos más que listos, emocionados y en espera. El transcurso Platónico llegaba a su fin e iniciaba el Aristotélico, el real, el de plasmar las ideas con actos. Nuestro hijo estaba por arribar.
El trabajo de parto fue tranquilo porque así lo quisimos, así fuimos preparados, a nuestro gusto, y hasta con música de fondo, desde Jethro Tull (aqualung, obviamente), Mark Knopfler, Gary Moore, Led Zeppelin, Frank Zappa, pasando por Música instrumental de yoga, flautas y relajación, continuando con ELP, Yanni, Alan Parsons, Deep Purple y Peter Murphy hasta llegar a Pink Floyd (A Great Gig In The Sky, por supuesto). También comimos, bebimos, bromeamos, reímos, y nos apoyamos durante todo el trabajo. Nuestro bebé ya estaba en el agua, ¡listo por nacer!
Los esfuerzos de mi esposa fueron tremendos, fuertes y a la vez demasiado gratos. Quedamos atónitos a la voz del doctor: “¡Ese es el cabello del bebé!” Y a partir de este momento seguimos con mucho detenimiento el evento. Le delegué el control de la videocámara a mi tía, la música de Pink Floyd estaba en pleno apogeo, a un lado estaba en espera el pediatra y una enfermera, y fuera del módulo acuático, todo estaba listo para cualquier imprevisto.
Seguimos con los esfuerzos. El agua estaba a temperatura perfecta, el hábitat del bebé era el mismo. Empezaba la coronación y su pequeña cabeza también hacía esfuerzos por salir. “¡Ya quiero estar con ustedes!”, pensábamos que decía nuestro bebé. Cronos, afortunadamente, no se detiene, y segundo tras segundo vibramos de emoción, la adrenalina se impactaba con nuestras hormonas y nuestros sentidos enloquecieron por un segundo... su cabecita ya estaba fuera de mamá y seguía sumergida en el agua, faltaba tan sólo un esfuerzo más... uno sólo. Y al llegar las manecillas a las tres horas con quince minutos, y tras una eterna salida del agua, llegó una Niña a los brazos de Mamá y Papá. ¡Nuestra Hija!.
Ahora si lo comprobé, el parto en agua y el que la naturaleza nos haya permitido la perfección en el nacimiento es la aventura más fantástica y maravillosa que pueda un ser humano vivir. Esta fue una experiencia más, después de vivir dos similares pero muy diferentes, hace nueve y diez años.
Ésta es el legado del planeta Tierra, motivo suficiente para continuar aquí.
Y si alguna vez le vendí mi alma al Diablo, y gastarme el dinero, hoy se la tengo que comprar; después de escuchar el evangelio de Motörhead, de presenciar a Rush, de estar frente a Dio y los de Sabbath, de compartir experiencias con Ozzy y de gritar con Eddie y Maiden; de viajar y vivir experiencias increíbles... La Naturaleza ya tenía permiso de recoger mi alma; pero ahora: ¡que se espere! Hoy hay una razón más (y son tres) para seguir compartiendo mis experiencias y enseñanzas con ellos. Esta aventura es realmente superior a muchas otras; de sentimientos inexplicables y mutaciones espirituales increíbles. Que razón tienen Gilmour y Waters: “¡A Great Gig In The Sky!”
Con demasiado amor, a nuestra hija adorada: Regina. Un agradecimiento profundo y con mucho cariño a nuestra tía Monique. Mil gracias a Maica por su entusiasmo y carisma; al Dr. Fernando Vélez por sus atenciones; y un increíble y especial reconocimiento al Dr. José Luis Larios por su dedicación, comprensión, ayuda e impulsos para que toda esta aventura fuera perfecta. Y finalmente notar las gentilezas de la Lic. Efigenia Zúñiga, por las facilidades otorgadas.
A la Naturaleza y los Patrones del Universo, para que nos ilumine en el largo trayecto de nuestra vida, y podamos brindarle lo mejor a nuestra hija y a mis hijos, a cambio de salud, valores y virtudes.
Papá
Junio 28, 2003