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Book
IMMORTAL. Mexico
IMMORTAL.
México. Octubre 7 de 2011.
Los Noruegos conquistaron a estos mexicas con un estruendoso Black… Metal.
Por Carlos Zaldívar
Sin lluvias había acontecido el clima en las últimas semanas en esta ciudad. Sin novedad alguna y todo bajo el mismo sol.
La espera había terminado, y bajo el efecto de algunos kilos de ácido acetilsalicílico, dopado… manejaba rumbo al recinto de calzada La Viga, el ya famoso e incestuoso Circo Volador. El cielo ennegrecía y algunas gotas comenzaban a caer. Al poco rato la lluvia era firme.
Pasaban las siete de la noche, y el cielo de la ciudad estaba muy oscuro y la lluvia aceleraba su caída, esto significaba que IMMORTAL (breve inclinación) había arribado a la ciudad.
Este clima fue la bienvenida para el grupo noruego de Black Metal.
Ya en el recinto nos juntamos los fieles para esperar el inicio del concierto.
Ansiosos y casi desesperados, escuchamos a los juarenses de Evil Basher tocar un metal muy pesado y posiblemente hasta aturdidor. – “Parece un muy buen grupo de Black Metal” – pensé.
Un trío con mucho poder…. Pero, apenas pasadas las nueve de la noche, se oscurece por completo el Circo Volador y la euforia en nosotros hace presencia: Abbath, Horgh y Apollyon estaban subiendo al escenario. Y en ese momento hice la comparación del grupo anterior con esta mega bandota noruega, ¡nada que ver! Los primeros se convirtieron en una micro banda y los olvidé en ipso facto.
¡Estruendoso! Desde el primer decibel emitido por este trío, la euforia jamás cesó. Abbath con su voz gutural pero sin gritar comenzó a deleitarnos con “All Shall Fall”, la primera rola de este sacro concierto.
Horgh por su parte, tranquilo y con un estilo bastante peculiar de hacer retumbar a la batería y percusiones, una personalidad muy suave de vista y devastadora al oído.
El Black Metal estaba a su máxima expresión, los Marshall estaban completamente aturdidos y explotaban en cada acorde que emitían los escandinavos.
Parecía que el Circo Voladora estaba siendo demolido por un terremoto de 12 grados en la escala de Richter… altísimos decibeles y ¡por supuesto! Para eso es el Black Metal, para escucharse hasta que los oídos sangren, las venas exploten y el alma se escape hacia el paraíso… y que, finalmente, nuestro cuerpo quede inerte y congelado ante la magna interpretación de IMMORTAL.
Llegó la segunda rola “Sons of Northern Darkness” y el slam al centro del foro no se hizo esperar, se encontraban ya todos los feligreses en pleno disturbio emocional y disfrutando de la presencia tan imponente de la banda. Y es que no es para más, IMMORTAL es una banda muy representativa de este género, además de poseer en su maquillaje una magia tan incisiva en nuestras mentes que permea todo nuestro ser, y pensamos: “Así debería pintarme todos los días”. Además como nórdicos, su simple presencia física se impone en el escenario.
Tres seres enormes de corazón y de fuerza para interpretar uno de los mejores géneros musicales que hoy en día existen.
“The Rise of the Darkness” continuó con este recital tan fino y estruendoso al mismo tiempo.
En lo personal no me agrada mucho el Black Metal donde los vocalistas se dedican a gritan sin ton ni son, y donde el baterista se dedica a matar a su instrumento. No soy fan de Mayhem ni de Marduk ni de otros por el estilo, pero IMMORTAL… es IMMORTAL y lo será por los siglos de los siglos. Éstos, NO gritan, aunque Abbath tenga la voz gutural y tampoco hacen escándalo a lo pendejo, éstos, sin lugar a dudas, son los FINOS del Black Metal… para disfrutarse y volverse a emocionar infinitamente.
“Damned in Black”, “Triumph”, e “In My Kingdom Cold” llegaron. Todos estábamos tan extasiados y desde mi lugar fue impresionante ver y disfrutar a todos los “Horns Up” alabando a los noruegos.
Como dijera algún tipo en una leyenda del viejo mundo: “Hasta no ver, no creer”. Y es que al escuchar los álbumes de esta banda, bien pudiéramos imaginar a dos o tres vocalistas o a uno sólo con una voz tan gruesa que mataría a cualquiera de un susurro; y a unos 20 músicos conectados a cien Marshall donde los batacos y percusionistas le pegaran tan fuerte que a sus instrumentos, que éstos tendrían que ser remplazados a la mitad de cada presentación… ¡Increíbles decibeles!
Es y ha sido de los mejores conciertos que hayamos disfrutado, Ricky y yo en muchísimo tiempo. Todo el poder de la banda nos cubría en el recinto como un manto sagrado originado en el país escandinavo. Fieles a la recomendación de Lord Varg Vikerness, seguíamos haciendo reverencias y alabanzas a Abbath, Horgh, Apollyon y por supuesto al creador de las letras: Demonaz.
Con “Tyrants” creció más la emoción y estaba seguro que iba a ser un extraordinario concierto, de esos de los que se escuchan hit tras hit y que al final sólo que la tristeza de que faltaron un sinnúmero de rolas. Y así fue.
Interpretaron “The Call of Wintermoon”, “Hordes of War” y “Mountains of Might”… y seguíamos alimentando a nuestros oídos de puro, total y absoluto veneno de Black Metal. Sólo sentía escurrir algún líquido y aseguraba que era sangra sagrada, que IMMORTAL ya estaba dentro de mí y sacaba los sobrantes.
Y no podía faltar “Battles in the North”, una de mis grandes favoritas y tocada una y otra vez hasta quebrar las copas que lucen… bueno, lucían en la vitrina de mi casa.
“Battles in the North” es ya un ícono del Black Metal en todo el planeta.
Terminarían con “Blashyrkh”… pero sabía que faltaba.
Así que para el encore, y con el recinto a reventar de feligreses, regresaron para aventarse “Withstand the Fall of Time”, la maravillosa “One by One” y la cereza del pastel con “The Sun no Longer Rises” (que por cierto, un dato curioso: el sol ya se va a apagar, tan sólo le queda de vida cincuenta mil millones de años, según nature.com)
Y entonces, las luces se encendieron. Muy, pero muy satisfechos y simultáneamente tristes, faltaron decenas de rolas.
Casi no escuchaba, ensordecido sólo escuchaba un zumbido interior, como comprobante de tan altísimos decibeles. ¿Habría quedado sordo de por vida? ¡Me lleva! ¿Cuánto me va a costar el dispositivo auricular para volver a oír? – todo esto pasó por mi mente en tan sólo un segundo.
También pensé y deseaba que con tan estruendoso concierto y altísimos decibeles registrados en la escala de Richter, al igual que un mega terremoto, se hubieran derrumbado la basílica y la catedral de la ciudad, pues así también lo hubiera deseado Vikerness.
Al día siguiente los periódicos no registraron el movimiento telúrico y mucho menos la pasmosa presencia del grupo de metal en la ciudad.
Mi eterna gratitud a Jean, la “Chica Concierto”, porque por ella pude presenciar a IMMORTAL.
Judas Priest. Epitaph Tour 2011
Más de 40 años de Pontificado en el Heavy “Fucking” Metal.
Por Carlos Zaldívar
Este papa no está vejete ni babea…
Nos bendijo, nos conmovió y comulgamos hasta liberar nuestra alma.
“La última y nos vamos”. ¿Cuántas veces no hemos repetido esta frase? y seguramente en todas jamás lo cumplimos. Eso es lo que espero de esta mega bandota inglesa: Que no se retiren. El EPITAPH tour tiene por objetivo ese mismo, el despedirse de sus feligreses en todo el mundo. Pero, el METAL no es una corriente música, va más allá de ser eso, ES UNA FORMA DE VIDA y se lleva en la sangre.
La historia completa y mucho más información sobre Judas Priest está en este mismo blog, sus conciertos, reseñas, historia, discografía… así que me enfocaré al legado de esta banda y el significado para nosotros.
La noticia nos sorprendió en primera instancia: Judas Priest realizaría la última gira en su carrera, pero después de digerirla lentamente, puedo asegurar que será muy difícil, pues en algún momento de la vida de cada uno de sus integrantes vuelve a las “andadas”. Casi con esta noticia, K.K. Downing comenta en conferencia de prensa que “tiene desacuerdos” con la banda y que renuncia a ella. ¡Caray! Ahora resulta que estuvo como en el matrimonio y después de más de cuarenta años juntos, resulta que NO es compatible con Judas Priest. Ésta sí fue una triste noticia. Así que la banda se dio a la tarea de buscar guitarrista y contrataron al monaguillo de Richie Faulkner.
Meses antes ya teníamos los boletos y la espera se hacía eterna. Llegó el mes de septiembre y contamos los últimos 30 días de espera recontando los mejores videos de su historia.
EPITAPH es el nombre de la gira del adiós, y llegaría a esta ciudad el último día del mes.
Y parece que fue ayer que vimos al ahora Papa del Metal, Rob Halford con su banda, tocando en el programa inglés “Old Grey Whistle Test”, las de Rocka Rolla y Dreamer Deceiver entre otras.
Hoy, Rob Halford, Ian Hill y Glenn Tipton giran alrededor de los sesenta años… ¡Como ha pasado el tiempo!
Escuchamos, vivimos y crecimos junto a Judas Priest y otras bandas de la época, y hemos gozado estos cuarenta y dos años de Pontificado con puro, total y absoluto HEAVY METAL.
Y basta repetir las palabras del Papa: “… Nu Metal, Thrash Metal, Speed…. It’s just Heavy Fucking Metal…” Amén.
Cada álbum lo hemos disfrutado al máximo, en estudio, en vivo, recopilaciones y hasta los tributos. Una banda legendaria que el planeta vio nacer en 1969 y seguirán hasta sus últimos días; porque éstos… llegarán, lamentablemente.
Por fin, la espera terminó, y el mismo viernes iniciamos la antífona de la comunión con unos buenos tragos del cáliz sagrado de la cebada; gocé de excelente compañía a lo largo de esa tarde: Jeannette, Ricky y Hugo Adriano, con quienes compartí, comparto y espero seguir compartiendo extraordinarios momentos de la vida y del Metal.
Tic… Tac… Tic… Tac… La hora de inicio de la sagrada misa del Metal estaba a punto de iniciar.
Desde nuestra llegada al Domo de Cobre, se sentía ese ambiente de los miles de feligreses que asistíamos a la adoración de esta mega bandota. Procuramos el ritual de la playera, taza y cuanta madre y media con el logo y bendición de J.P. para el recuerdo.
Dentro de centro ceremonial religioso, y como lecturas antecesoras al evangelio salieron David Coverdale y su banda: WHITESNAKE. ¡Qué bandota! Y regresan para esta gira con un súper álbum más denso y mejor elaborado que los anteriores. Su nombre: Forevermore, de donde se descuelga en número uno, homónimo.
Pero a esta banda ya le dedicaré otro espacio especial.
En punto de las 8:30 pm se oscurece el recinto de cobre, muy pocas luces de cámaras en celular y da inicio al Evangelio de Epitaph según Rob Halford.
Y se arrancan con la Intro y “Rapid Fire”… De ese momento jamás nos volvimos a sentar.
Nos paramos, alabamos y gritamos todas las canciones de la banda. Fue exageradamente emocionante. El escenario, tal cual catedral metalera nos brindó a la vista una detallada catarsis al alma.
Y para continuar este sagrado concierto llega la rola que identifica a cada integrante y ex integrante de Judas Priest: "Metal Gods”. ¡A gritar se ha dicho!
Y es cuando piensas: ¡Puta Madre! Más de 40 años… ¡CUARENTA Y DOS AÑOS!.... ¿Desde cuándo? Apenas tenía 10 años cuando ya escuchaba en algún vinil importado, el Sad Wings of Destiny, a: The Ripper.
Inolvidables recuerdos de la primaria… musical.
A “Metal Gods” le siguió “Heading Out The Highway” y la extraordinaria y verídica “Judas is Rising”. ¡Fenomenales Rolas!
Todos los feligreses no parábamos de disfrutar a esta banda. Veía a Rob Halford y es increíble la entereza física y emocional, pero principalmente su voz tan etérea y ruda al mismo tiempo.
Comenzaron “Starbreaker” y la prueba de su extraordinaria voz se plasmó con “Victim of Changes”. Increíble composición de la banda. Luego vino “Never Satisfied” para plasmar nuestro mejor sentimiento y emoción en ese momento y que después aparecería al final del concierto: Aún no estamos satisfechos… queremos más y más Metal.
Faulkner se para al frente con una guitarra acústica y entonces supimos que venía el cover a una hermosa rola de Joan Baez: “Diamonds And Rust”, pero esta vez terminaron con una tremenda vibración en las percusiones que nos obligaron a alargar los aplausos. Esta pieza es una belleza tanto musical como emocionalmente.
Momentos después, y con la luz tenue, aparece el Papa con sus sagrados hábitos. Sotana larga, encapuchado y con el báculo inicia nuestra bendición. De fondo musical está “Dawn of Creaton”... para luego estallar con “Prophecy” y entonces sí, todos al unísono: “…I am Nostradamus!”.
Fue uno de los momentos perfectos en la misa y será uno de los que más recuerde de entre muchos conciertos de Metal.
Su bendición fue bien recibida.
Luego llegaron “Night Crawler”, “Turbo Lover” y una fantástica “Beyond The Realms of Death” donde imagino a mi hermano Armando López sacando sus kleenex que prometió llevar para esta rola tan especial.
Es importante mencionar que en casi todas las rolas cambiaban las mantas alusivas al álbum en cuestión y de las más ovacionadas fue la de “British Steel”, álbum ya de culto y que no puede ni debe faltar en cualquier colección de cualquier persona que se declare melómano.
Vinieron “The Sentinel”, “Blood Red Skies” y un hit más que nos prendió: “The Green Manalishi”. Composición del gran Peter Green y grabada por Fleetwood Mac a inicio de los setenta.
¡Uf! Y las rolas que faltan…
Y para demostrar el poderío de la banda en el escenario llegaron “Breaking the Law” y “Painkiller”. Portentosas rolas de sublimes álbumes. Ese de Painkiller ya es un ícono del Metal, donde demuestran poder tanto en voces, cuerdas y percusiones… denso, fuerte y con letras excelentes.
Luego Travis se avienta un solo de batería para luego dar inicio a la fastuosa “The Hellion”.
De fondo aparece una manta con un ojo al centro, e iluminándose… llega “Electric Eye”. Y a seguir gritando, cantando y ovacionando a Rob.
Remataron con “Hell Bent For Leather” y terminaron con “You’ve Got Another Thing Coming”… Pero sabíamos que faltaba.
Además faltaban algunos minutos para la medianoche. ¿Cuál seguiría?
¿Regresarían para otro encore? Por supuesto que SÍ. Y entonces se despidieron con “Living After Midnight”.
Otro de los más bellos momentos es cuando se escucha la potente máquina de esa Harley y ansiosos esperamos la presencia del Papa… segundos después, aparece lentamente avanzando en esas 2 ruedas, demostrando su carisma y canon de sacerdote. Y la bandera de México cubriendo a la moto fue un momento espectacular.
En esta bandera, Rob salió anteriormente envuelto en ella, y bastó ese momento para que todos los fans asistentes hiciéramos vibrar al Domo de Cobre.
AMÉN.
JUDAS PRIEST Line Up:
Rob “The Pope” Halford: Vocales.
Glen Tipton: Guitarra.
Richie Faulkner: Guitarra.
Ian Hill: Bajo.
Scott Travis: Batería.
Todos Nosotros: Feligreses.
Dedicado a mi hijo y compañero sagrado del Metal: Ricky.
SLAYER. México Junio 2011
EL MEJOR MARTES DE MI VIDA, GRACIAS A SLAYER
Jesús García Favila
Slayer, banda californiana que sacó a la venta su primer disco Show no mercy en 1983, se presentó anoche en el Palacio de los Deportes. Como la mayoría de las bandas de su tiempo, grabó su primer disco con bajo presupuesto. Sin embargo, después de casi 30 años siguen tocando en vivo para el público metalero y ayer en la noche fué el turno de la Ciudad de México.
Puntuales a la cita, comenzaron los primeros guitarrazos con World Painted Blood, Hate Worldwide y War Ensemble. Tom Araya, bajista y vocalista de origen chileno agradecía al público, por su parte Dave Lombardo, baterista, uno de los más reconocidos en el género y Kerry King, guitarrista se alistaban para seguir tocando canciones clásicas como Dittohead, Dead Skin Mask, The Antichrist y Americon.
Mandatory Suicide y Seasons in the Abyss, canciones que vieron la luz al final de los ochenta y principios de los noventa, fueron de las más aplaudidas. Después de no presentarse en México desde 2007 y aún con la ausencia de Jeff Hanneman, principal compositor y guitarrista original, pero perfectamente sustituido por Gary Holt de Exodus, el público presente entre empujones, gritos, slam y aplausos, disfrutó de uno de los conciertos más pesados ofrecidos en esta ciudad.
Para finalizar tocaron South of Heaven, Raining Blood, Black Magic, Angel of Death, temas tanto representativos de Slayer por su lírica y ritmos, como para el género del Thrash Metal. El slam estaba a todo lo que da, la banda gritaba y aplaudía con todas sus fuerzas, estuve en el mosh pit más grande que he visto y amanecí con grandes dolores en cuerpo y cuello.
Ha sido el mejor martes de mi vida.
Slayer lo vale.
Anima Tempo, Junio 2011
México – Finlandia – México… Directo y sin escalas.
Mönster Bar. Junio 11, 2011
Por Carlos Zaldívar
Eran los primeros días escolares del año 2004 cuando mi entonces alumno, Carlos Carbajal, llegó a ser uno de mis estudiantes, brillante, por cierto. Ni tarde ni perezoso, me di cuenta su afición por la música y su pasión por ser baterista.
Pasaron pocos años cuando finalmente me invitó a admirarlo (¡Y vaya que lo hice con gran gusto!) tocar la batería con la banda “Caustica-X”.
Esta presentación se dio en el bar de nombre “Heavy Metal Sports Bar” por la avenida de los Insurgentes, en el D.F. No sé si aún siga ese bar, pero fue muy emotiva y espectacular la tocada en tan pequeño antro metalero. Se aventaron unos 4 ó 5 covers de Metal Progresivo y creo… que 2 composiciones propias. El nombre de ¡Caustica-X! ya había quedado almacenado en mi alma.
Sin más palabras, al terminar, me acerqué a la batería y le dije a Carlos al oído: “Mi estimado, estás muy, pero muy cabrón en la bataca”. Eso sí es tocar la batería y no intentos de…
Les fui siguiendo la pista, hasta conocer al vocalista, Gian Granados, bueno, sólo de nombre y posteriormente lo saludé afuera de otro antro, en su siguiente presentación.
En esta ocasión nos saludamos, pero no le dimos mucha importancia. “Caustica-X” se presentaba en el Chocolat - Bar, de Polanco, junto con otras 9 bandas.
¡Puta Madre! – exclamé.
¡Cómo han mejorado!, además Carlos se veía más reflexivo tras la bataca y su pasión se rebosaba golpe tras golpe con cada baqueta…
Los demás integrantes desbordaron de igual manera la misma pasión. Lo que me pudo fascinar es que las letras reflejaban ese nivel cultural – intelectual del que ya tanto he hablado, y no frases muy superfluas. Reflejaban pasión, poder por la música y gran corazón por compartir lo que tocaban.
¡Qué Bandota! - Y cantando en inglés, van a llegar muy lejos.
A la banda le llegaron cambios en la alineación, de hecho Carlos llegó en uno de esos, que al final de cuentas es una evolución de la banda, claro, para mejorar.
Posteriormente llega un cambio importante, el nombre de la banda se redefine y queda como “ANIMA TEMPO” (breve inclinación, mis queridos dos lectores) y… ¡A despegar!
Antonio Guerrero es quien ahora se encuentra a cargo de la batería y también con muy buen nivel de energía sobre los tambores, platillos y bombo.
Para octubre y noviembre de 2010, Anima Tempo cumplió uno de sus objetivos (¡y los que faltan!): Ganaron “Rockeando en Finlandia” y se fueron a ese país a una pequeña gira. Exacto, ese mismo país, cuna de innumerables bandas de primerísimo nivel y de donde ya muchas de ellas nos han venido a visitar, hospedándose en el Circo Volador para presentar sus composiciones y maravillas musicales. Pero, ahora le tocó a México: Anima Tempo fue de visita y a demostrar que SÍ tenemos bandas que pueden competir con muchas bandas escandinavas, a demostrar que no todo aquí es ruido populachero y música “apta” para “idiotas” y placebos sociales.
En México también tenemos bandas de primer nivel, además de Anima Tempo tenemos a The Arkitecht, War Kabinett, Carphatya, Glass Mind, Wrecker y The Legion of Hetheria entre otras tantas.
Anima Tempo ha tenido el placer de abrir aquí en México para Dragonforce, además de haber ganado su participación, junto con The Arkitecht, para estar en el Wild Metal Fest, en Cancún, México; y tocar en el mismo escenario donde también participaron Rottenness, Divinitus, Dead Trooper, Enslaved, Marduk, Tristania, D.R.I. Keep of Kalessin, Maligno, Blood Red Throne y Sepultura entre otros.
Pues bien, esos mismos tipazos de Anima Tempo, que fueron, regresaron y volverán a ir… se presentaron ahora en Tlalnepantla en el ya muy afamado Mönster Bar de Viveros del Valle.
Presentaron composiciones que vendrán en su próximo álbum “Caged in Memories” con el setlist:
Inner Demons
Victims of the Aftermath
Silent Angel
Confessions (en lo personal una de mis favoritas)
Behind the Gates of a New Come (instrumental pkm)
Faith of Collapsed
Mi fiel acompañante, Ricky, y yo… quedamos inmersos desde el primer decibel de Inner Demons; como anonadados (por no escribir “apendejados”) con tan sublimes voces guturales de Thomas y el juego de cuerdas de los sensacionales Gian y Dante.
Haber disfrutado esa gran “cena musical” con lo mejor del Metal Progresivo Nacional fue como degustación de los mejores vinos, envejecidos y de los más finos. Esta misma finura que se nota al escuchar cada acorde musical, la armonía y el poder de los integrantes de la banda; el de disfrutar como se apasionan por lo que les gusta y gozan tanto como nosotros de tan equivalente calidad auditiva.
¡Queremos Más! – fue lo que gritamos antes de Faith of Collapsed, y así fue. Una más y salimos de ahí, satisfechos y al mismo tiempo con ese sentimiento de vacío espiritual como cuando le falta la cereza al pastel, y no es para menos: Anima Tempo son de esas bandas que quisiéramos que tocaran horas y horas durante una noche larga y oscura sin parar…
Sólo puro, total y absoluto Metal Progresivo para nuestros oídos.
En este momento no me atrevo a calificar a la banda en tan afamada escala del uno al diez. De hecho ellos saben que no llegan al diez, pero estamos seguros todos, que llegarán.
Su alineación es:
Gian Granados- Voz y guitarra
Dante Granados- Guitarra Líder
Thomas Peñaloza- Teclado y voz
Pedro Vera- Bajo
Antonio Guerrero- Batería
No les perderé la pista a mis ahora hermanos/amigos de A.T.
Por cierto aquella vez del Chocolat – Bar conocí a Glass Mind con muy buen material musical y este sábado reciente 11 de junio compartieron escenario con Anima Tempo.
Carphatya fue la banda abridora, también de excelente nivel, pero de estas dos bandas, ya hablaré en otra ocasión.
Con una pequeña y humilde dedicatoria a mi amigo Carlos Carbajal: Suerte en Weakness Wkss, que tu señor padre estaría profundamente orgulloso de ti.
Con gran admiración a Gian.
Anima Tempo, ¡STAY PROG!
ACCEPT. La Espera Terminó.
Pasaron casi veintinueve años para escuchar en vivo “Restless and Wild”.
Por Carlos Zaldívar
“It was those Classical Composers
who essentially laid the foundation for what we now call Heavy Metal”
Wolf Hoffmann
¡Portentoso! Un megaconcierto que dio este cuarteto teutón en el Circo Volador. Herman Frank no pudo completar en quinteto debido a un accidente en la tocada anterior y al momento se encuentra hospitalizado en Houston.
Aun así, y como en otras ocasiones, ACCEPT pegó durísimo con cuatro elementos.
Fue casi al final del 2° semestre en el CEL, iniciando la preparatoria y estábamos en la clase de diseño. Previamente había grabado en cassette aquel LP de recién adquisición y de importación de una banda alemana, de nombre… ACCEPT. Album de portada roja con dos guitarras incendiándose y que desde la primera rola quedé pasmado de tan descomunal metal.
Llevé una grabadora y junto a mis amigos “El Loco” y “El Camarón”, coloqué el cassette y la reacción de ellos fue la misma que la mía: ¡Qué Bandota!
De ese álbum se desprende “Fast As A Shark” que tiene una introducción simulando un LP rayado para que después de algunos segundos surja la voz de UDO gritando a sus máximos decibeles. Ésta introducción es de una canción tradicional de niños en Alemania titulada “Ein Heller und ein Batzen" (A Farthing and a Penny) con la cual quedamos totalmente inmersos en su música.
Le siguieron “Restless and Wild”, “Ahead of the Pack”, “Shake your Heads”, “Neon Nights”, “Get Ready”, “Demon’s Night”, “Flash Rockin’ Man”, “Don’t Go Stealin’ My Soul Away” y la fabulosa “Princess of the Dawn”. Todas éstas siguen grabadas en aquel cassette de 90 minutos.
Una y otra vez durante semanas disfrutábamos esas magníficas rolas. En el stereo de casa, en la escuela, en el coche y en la grabadora portátil. ¡Qué buen metal teutón!
Pues a partir de este momento comenzó el fanatismo con la banda. Entonces supe que había otros dos álbumes anteriores a “Restless and Wild” que fueron “Accept” de 1979, “I’m a Rebel” de 1980 y “Breaker” de 1981.
En ese line-up figuraban Udo Dirkschneider en las vocales, Wolf Hoffmann en la guitarra principal, Jörg Fischer en la secundaria, Peter Baltes en el bajo y Stefan Kaufmann en la batería. Ésta alineación duró sólo 4 años, y luego Herman Frank llegó a la guitarra secundaria siendo un quinteto extraordinario.
Alineaciones con varios cambios, pero siempre mantenido Udo, Wolf, Peter y con vaivenes, Stefan.
A partir de ese año, ya tenía tatuado (otro más) el logotipo de “Accept” en el pecho, y algunas calcomanías en el portafolios.
Se confirmaban una vez más a Alemania e Inglaterra como los mejores productores de excelente Metal a nivel mundial.
Para el siguiente año llegaría “Balls to the Wall”, cuya rola homónima al LP pegó muy fuerte en la radio. En ese año mi papá viajaría a Dallas, y al regreso me trajo el cassette original.
Hoy ese cassette aún lo conservo, pegado con cinta adhesiva y reconstruido, ya que estuvo dañado de tanto “adelantar” y “regresar” esa rola.
Udo se confirmaba como uno de los mejores vocalistas del género en Europa. Esa voz grave y en ocasiones fina, nos daba a imaginarnos a un vikingo de más de 2 metros de alto y con gran poderío en las cuerdas vocales. De hecho en las pocas fotos que había de él, se veía de altura normal, bueno… no tan bajito.
De este álbum me fascinan las rolas (además de “Balls to the Wall”) “London Leatherboys”, “Fight It Back”, “Head Over Heels”, “Losers and Winners”, “Guardian of the Night” y la mega balada de “Winter Dreams”.
Ahora debía conseguir ese LP.
Los primeros álbumes aún no los tenía, aunque ya había encargado “Accept” y “I’m a Rebel” a Music Plus en Estados Unidos, pero no les había llegado.
Ya anteriormente en un viaje había recogido el homónimo de “Aldo Nova” de un pedido vía teléfono.
Al siguiente año estábamos egresando de preparatoria (1985) y “Metal Heart” nacía. La rola homónima pasaría a formar parte del acervo musical mundial de cualquier metalero / headbanger. ¡Qué rolota Diablo mío!
Los arreglos, las percusiones y la guitarra de Hoffmann nos tienen, desde aquel año, súper intoxicados de adrenalina en el corazón… de metal.
Para 1986 salió “Russian Roulette” pero pasó de noche. En el billboard de los Estados Unidos se quedó en el lugar 114. Estábamos en la universidad y recuerdo haberlo visto, importado, en el bazar de Lomas Verdes. Lo compré, lo grabé y luego sabrá el Diablo donde lo dejé. Buen disco y letras, pero tampoco tuvo el éxito esperado.
UDO decide separarse del grupo para hacer carrera como solista, y para 1987 edita “Animal House” compuesto en su totalidad por ACCEPT y Deaffy. De aquí se desprende la rola homónima, “Lay Down The Law” y “Run For Cover”. Muy buen disco, pero, ¿Regresaría con Accept o seguiría en solitario?
Al llegar a la universidad, no perdí contacto con mis hermanos de la prepa, además ya tenía de pupilos metaleros a jóvenes en la preparatoria donde yo daba clases.
De Accept se hablaba poco, pero cuando se hablaba todos nos emocionábamos al escuchar sus éxitos y pensábamos en los conciertos.
“¿Se imaginan escuchar el Restless and Wild en vivo?” – Era una utopía y además, lejana para nuestro país.
Ya sin Udo, estaba la duda sobre la permanencia de Accept en la escena mundial, pero para ese año universitario, 1989, se incorpora David Reece a las filas de la banda teutona y el guitarrista secundario queda fuera. Con este line-up editan “Eat the Heat”, un disco de extrema rudeza y excelente vocales, composiciones y desde que abren con “X-T-C” y terminan con “D-Train” muestran una rudeza y una permanencia en el ámbito metalero.
Un LP que lo he tocado poco, porque el cassette aún existe. Una obra maestra, para mi gusto, que mucho aún no entienden. Hay que escucharlo muy tranquilos, en unos 3 ó 4 sentidos, depende del grado etílico en el que nos sumerjamos. Excelente disco con una alineación como quinteto ya que se alinea Jim Stacey.
Pasan 4 largos años de no saber de Accept, y finalmente para 1993 aparece “Objection Overruled” el cual ya lo compré en formato de disco compacto en su edición japonesa y con este álbum reafirman su lugar en la escena. Un disco que pareciera que Accept sólo recargó pilas y nuevamente a los grandes escenarios. Como cuarteto es que editan este álbum y la gira es impresionante. Se les califica como “La Reunión” de Accept. A éste le preceden los álbumes “Death Row” de 1994 y “Predator” de 1996.
De este “Objection Overruled” también se desprende una balada de nombre “Amamos la Vida” que cuando la escuché, me llegó profundamente, pues cantaban el coro en español.
Terminando su gira en Asia y para muchos Accept se desintegra y desaparece del escenario metalero por casi 14 años. No creo que haya sido, de hecho en el inter, Accept contó con varios vocalistas y allá por el 2005 participó en conciertos, festivales y otros menesteres, como Udo y sus composiciones como solista.
Para mí, ACCEPT siempre estuvo vivo y sus canciones nunca las dejé de escuchar, siempre presente en las ya aclamadas, “Metal Sessions”, en los discos y compilaciones de los “Sultans of Swing”, pero siempre... siempre se mantuvieron latentes.
Llegó la temporada de conciertos a la ex – catedral del metal mexicano, La Arena López Mateos, en Tlalnepantla, y alguna vez pensamos que Accept podría pisar dicho escenario en algún momento. No pasó a mayores el comentario.
Para finales de la primera década de los dos mil, los conciertos ya se fueron haciendo costumbre y la llegada de grupos de renombre era frecuente a nuestro país.
La era de la información y cantidad de ésta en la Red creció exponencialmente.
“Accept” era ya una palabra que surcaba las olas y navegaba de sitio en sitio por Internet.
Pronto, en el 2009 Udo anuncia su retiro oficial de la banda, y la tristeza duró pocos meses. En primera instancia significaba que la Banda volvería a las “andadas” y a realizar giras frecuentes.
No me imaginaba a Accept sin Udo, como a Supertramp sin Roger Hodgson, a Journey sin Steve Perry o a Sabbath sin Ozzy o sin Dio. Pero la noticia era un hecho.
Así que iniciando el año de 2010, y retomando el trabajo después de las vacaciones de invierno, me encuentro con la noticia que ya era de primera plana en Europa. Se edita “Blood of the Nations” y Accept sale de gira.
Los resultados de esta nueva alineación con Mark, ex vocal de TT Quick, y como quinteto, volviendo Herman Frank a las guitarras secundarias y Stefan Schwarzmann en la batería; es fenomenal.
Fue el disco del año en el ámbito musical, fue el resurgimiento espectacular de Accept, grandiosamente recargado y con la energía más que vasta como si fuera una banda integrada por jóvenes treintañeros, llegando a los primeros lugares de audiencia en varios países y México no fue la excepción.
La recepción del álbum de este gran regreso ha sido calificada por revistas y expertos en el medio, y las calificaciones han sido muy elevadas.
Para enero de 2011 se anuncia el sueño esperado: Accept en México.
¡Puta Madre! Los boletos van a volar. Estarían en el Circo Volador y su presentación estaba programada para el domingo 8 de mayo.
Los días fueron eternos, y en cada uno de ellos algo se comentaba en las redes sociales, los mensajes de Mark, Wolf y Peter en el perfil de Search & Destroy en su facebook, las crónicas de otros conciertos en Eyescream y los videos en YouTube.
Era ya una invasión de ACCEPT en la red y todos los fieles fans estábamos a la espera, contando cada minuto y cada segundo en nuestro reloj.
El “Blood of the Nations” tiene 13 majestuosas rolas, que absolutamente todas… pero absolutamente todas, son Hit Wonders, son de primer nivel y todas han cautivado de inicio a fin a todo metalero fan de los alemanes.
“Blood of the Nations” es el disco más esperado por muchos y el que ha dejado satisfecho a cualquiera que lo haya adquirido, es un álbum que pasará a la posteridad y formará parte de los 20 mejores álbumes editados en el siglo XXI.
Es una maravilla de álbum, y por ende, la espera para el concierto era terrorífica y nerviosa…
Desde “Beat the Bastards” hasta “Bucketful of Hate” nos invade tanta energía metalera que es un disco compacto que merece (y tiene) que repetirse una y otra, y otra, y otra vez…
Y no podía faltar el momento meloso con la balada metalera, en este caso “Kill The Pain” hace honor a este santiamén dejando un excelente sentimiento, provocando retomar aquel “corazón de metal” para convertirlo en uno de “miel”. ACCEPT será una banda inmortal.
Para esto, UDO se presentaría como solista una semana antes, aquí mismo, en el mismo foro de la Cd. De México, el Circo Volador. No dudo que haya sido un concierto espectacular, y obvio, cantaría los éxitos de Accept y algunas de sus propias producciones.
Pero ACCEPT, es la banda por tradición, y siempre será ACCEPT.
Este domingo por la mañana, despertamos con le noticia de que Herman Frank había tenido un accidente en el concierto anterior en San Antonio: 4 costillas rotas y el pulmón perforado.
Aquí comenzó la angustia, desesperación, nerviosismo e incertidumbre sobre lo que pasaría durante el día.
Accept pudiera cancelar el show y posponerlo, pudiera traer a algún sustituto en la guitarra secundaria, o… como sucedió y había sucedido en algunas otras ocasiones: Se presentaría y cumpliría su compromiso con los mexicanos como un cuarteto.
La mañana pasó rapidísima y en punto de las 7 pm ya estábamos en la entrada al Circo, Ricky, mi hijo y otro de mis hermanos del alma, Alex.
Toda la banda metalera y realmente fans de Accept estaban ya listos. Todos estábamos listos…
El rito de la playera, la taza y el llavero se fueron rápido, entramos y en punto de las 8:10 pm salió Stefan a la bataca, luego Wolf y Peter a las cuerdas para iniciar con Teutonic Terror. Al escenario adornaban algunos misiles cortos al fondo y 2 de largo alcanza, uno en cada lado. Mark se enfundó en su chaleco de mezclilla y su gorra para llegar gritando “Teutonic Terror” y todos coreando “We Will Give ‘em the Axe”…
De aquí hasta las 10:30 aproximadamente no paramos de cantar, gritar, movernos, brincar y volver a empuñar los cuernos hacia la banda. Esos cuernos ya tan famosos que el mismo DIO patentara ante el infierno y recibiera el halago de toda la comunidad headbanger.
Ahí estuvimos. Fuimos testigos de este gran concierto, que en lo personal estuve esperando ya por casi 30 años. Ver, admirar y cantar junto a esta gran banda teutona y escribir estas líneas; será ya un legado para futuras generaciones.
Las rolas más emotivas y llenas de una euforia enloquecedora fueron “Restless and Wild”, “Amamos la Vida” que incluyeron para el setlist en este lado del océano, “Metal Heart”, “Losers and Winners”, “Princess of the Dawn” y en el encore fueron “Fast as a Shark” y “Balls to the Wall”.
Al regreso mi hija Regina me preguntó: “¿Y enloquecieron como yo con Queen?”. Hija mía, por supuesto que enloquecimos y con demasiada pasión.
Ver hasta adelante a mi hijo emocionado, brincando y gritando; y Alex y yo de igual manera a tan sólo unos pasos atrás de él, hicieron que mi piel se erizara y el corazón quisiera explotar, y no sé mi alma, pero seguramente salió, botó al escenario y envolvió a Mark, Wolf, Peter y Stefan para luego regresar a mi cuerpo en tan sólo unos nanosegundos.
Fue un concierto bestial, muy metalero y con demasiada convulsión.
“Híper recontra excelentemente buenísimo” estuvo este show de Accept. Y esperemos que vuelvan pronto y como quinteto.
En Eyescream publicaron que si hubiera venido Herman, “sencillamente hubieran aplastado a Udo”. En lo personal SÍ lo aplastaron, y por mucho, pero esto mis queridos dos lectores, es simplemente una opinión y sentimiento personal.
Al final, como dijo mi amiga JeanOwar, fue triste, simplemente porque había terminado. En los alrededores del Circo estábamos deambulando bajo la nostalgia de “Queremos más Accept”, de “¿Por qué tuvo que terminar?”, y el de “¡Esperemos que regresen pronto!”, porque Accept tiene poder para muchos años más…
Enormes saludos también a mis hermanos headbangers que ahí también deambulaban, Gonzo, el Anónimo, Armando, Fer, Edu y Dante.
ACCEPT por los siglos de los siglos….
Gala Sinfónica de la O.S.M. 40 Aniversario de QUEEN.
ORQUESTA SINFÓNICA DE MINERÍA
Gala Sinfónica QUEEN, conmemorando los cuarenta años del grupo británico.
Louis Clark, Director.
Por Carlos Zaldívar
“A concert is not a live rendition of our album. It's a theatrical event."
Freddie Mercury
¡Majestuosa! ¡Emotiva! ¡Sensacional! Y que mejores adjetivos para iniciar esta crónica de lo que vivimos el viernes anterior en el Auditorio Nacional.
Se presentó la Orquesta Sinfónica de Minería en una Gala para presentar los éxitos de la gran banda inglesa Queen conmemorando sus primeros cuarenta años.
Hablar de Queen, es hablar de una banda inigualable. Hablar de Freddie es hablar de un Dios insustituible. Hablar de May es hablar de uno de los mejores guitarristas del planeta. Pero ya se ha escrito demasiado sobre ellos.
Llegamos al auditorio casi a las 7 pm pensando en asistirían pocas personas, pero, ¡Sorpresa! Estuvo casi abarrotada la sala. Todos los instrumentos de la O.S.M. ya estaban en el escenario y la primera llamada se había escuchado por los altavoces.
Minutos después de las 8 pm subieron al escenario los músicos de la O.S.M. y los cuatro coros: “Coro Filarmónico Universitario” a cargo del maestro Oscar Herrera; “Coro ProMúsica” a cargo del maestro Samuel Pascoe; “Coro Convivium Musicum” a cargo del maestro Víctor Luna y a quien extiendo mis saludos y un abrazo, hermano de mi amiga entrañable del CEL, Claudia; y también el “Coro Ars Lovialis” a cargo de igual forma del maestro Oscar Herrera”.
Todos, bien alineados y esperando la autorización para dar inicio a la majestuosa presentación conmemorando los cuarenta años de QUEEN. ¡40 años Señoras y Señores!
Y de entrada, al apagarse las luces, inician con la formidable “Flash” y la piel se resquebraja y el alma vuela, mientras al pensamiento llega Freddie entonando “Flash” a bordo de una nave. Tema compuesto por Brian May en 1980 para el soundtrack de la película homónima.
De entrada, mi hija Regina ya se veía emocionada.
Ver a todos los músicos y la cantidad de coristas al fondo, hizo que luciera espectacular el recinto de Reforma.
Le siguieron “Play de Game”, “Bicycle Race”, “Don’t Stop Me Now” y al llegar “Love of my Life” la nostalgia se apodera de mí.
Fueron grandiosos los arreglos y la producción de esta obra, pues el toque sinfónico a la obra de Queen provocó un viaje emocional, de la melancolía y tristeza a la felicidad y emoción, pasando por despecho, depresión, amor, coraje y cuanta emoción conozca nuestro cuerpo.
Ese toque sinfónico hizo que al unísono de los coros, las canciones de Queen se sintieran por nuestras venas. Aún sin Freddie, se sintió su presencia, al igual que la de May, Deacon y Taylor.
Elena Durán, fue la flautista que acompaño a la O.S.M. en pocas ocasiones.
Después nos ofrecieron “Killer Queen”, “Somebody to Love”, “Save Me” y cerrando la primera parte del repertorio con “We Will Rock You”, una extraordinaria rola con la que según mi hija Regina, “todos nos volvimos locos en el auditorio”. Esta composición hizo que todos los asistentes siguiéramos al compás de Clark y Cía., con dos palmadas en las piernas y un aplauso… “We will, We will… Rock You!”… dos palmadas en las piernas y un aplauso… “We will, We will… Rock You!”…
Aún más emocionante ver a Regina seguir los mismos pasos, mismos acordes y mismo coro cuando todos vitoreaban la letra de Brian May.
Al regreso después de un lapso de diez minutos aproximados, regresaron con “We are the Champions”, “Under Pressure” quien junto con David Bowie compusieron, y que Queen la hiciera casi suya, “Who Wants to Live Forever”, “I Want to Break Free”, “You’re My Best Friend”, “Teo Torrete” de Brian May y que nunca se editó como sencillo, “Crazy Little Thing Called Love”, “Inuendo” y “Bohemian Rhapsody”.
Obras emotivas y sentimentales fueron “Who Wants To Live Forever”, “Inuendo” y obviamente “Bohemian Rhapsody”. Los arreglos de éstas fueron muy emotivos y a los fans asistentes provocaron diferentes sentidos de ánimo.
¡Volver a recordar momentos en el CEL! Muchos bellos momentos porque fue en esta etapa escolar, en los recientes 38 años, que vivimos “casi” al lado de Queen.
Momentos de amigos, muchas felicidades y pocas tristezas.
Al día de hoy, esa emoción creció exponencialmente a ver a mi hija emocionada, enfundada con sus jeans y su “playera oficial del evento” y cantando al unísono… “We Will, We Will… Rock You”.
Así como dijera el filósofo MasterCard: Boleto 500 pesos, playera 100 pesos, taza 70 pesos… Ver a Regina emocionarse cantando la obra de Queen y gritar como “loca” en el Auditorio a “We Will, We Will… Rock You”… NO TUVO precio.
Invaluable esta experiencia, porque la O.S.M. le puso la cereza al pastel, un enorme agasajo bajo la supervisión y dirección de Louis Clark, composiciones de Queen y coros de grandes voces dirigidas por Oscar, Samuel y Víctor, quienes también gozaron la presentación.
¡Y qué decir de los trompetistas! Pues emocionados armaron su propia “fiesta” entre ellos y gozamos al verlos ondearse entre sus instrumentos de viento. Las violinistas igualmente, y de hecho: ¡Que Bellas! Las percusiones de igual manera se presentaron muy “rockeros”. Y de hecho al principio también los coristas sintieron esa misma conmoción, pues la mayoría aplaudía y el resto les seguía el paso, a ritmo de “We Will Rock You” principalmente.
Cerraron con broche de oro. “Bohemian Rhapsody” hizo vibrar nuestros corazones. En este momento fuimos trasladados emocionalmente a “A Night At The Opera”, en aquel 1975 cuando apenas cursábamos el inicio de 4° de primaria y ya se entonaban los acordes de esta melodía, obra de Freddie Mercury. Dividida en tres partes y sin coros, pero en esta ocasión, la O.S.M. y los Coristas le pusieron el paladar sinfónico y el justo placer enternecedor y sensacional, para que todos recordáramos, volviéramos a vivir y sintiéramos con los violines, la tristeza; con las percusiones y los coros, la felicidad y retomáramos esos LP’s al llegar a casa.
Toda una Idea Musical, al estilo Rock STOCK.
¡Caray! y de Louis Clark, pues con una Curricula impresionante, con fastuosa trascendencia musical y extensa. Simplemente estuvo al lado de Jeff Lynne en ELO y también creador de las obras “Hooked on Classics” entre otros. ¿Algo más del señor?
Los aplausos, emotividad y algarabía por tan espectacular presentación hicieron que Sir Clark regresara a tomar posesión de la O.S.M. y de los Coros, y ¡Uff! Repitieron gran parte de “We Will Rock You! Así que la impresión nuevamente invadió a mi hija, quien de ipso facto se levantó de su lugar, corrió al pasillo y de pie rindió tributo a Queen, cantando y con sus pequeñas palmas golpeando el unísono de “We Will, We Will… Rock You”.
¡Qué gran espectáculo musical!
Iron Maiden. The Final Frontier Tour 2011.
Iron Maiden. The Final Frontier Tour 2011.
Foro Sol, 18 de Marzo, Ciudad de México.
Por Alejandro Corral
“La controversia real llegó cuando los grupos y activistas cristianos (todavía
Amedrentados por el episodio del murciélago decapitado por Ozzy y el
Sospechoso título del álbum), catalogaron al grupo como satánico…
…Cierto que la portada del disco y las citas bíblicas no ayudaban a la causa,
Pero al margen de todos los escándalos, ni ellos mismos sabían en ese entonces,
Que habían creado uno de los mejores álbumes de Heavy Metal de todos los tiempos”
Alexander Milas, Colaborador de la revista especializada Kerrang!
Cita tomada del libro: 1001 Albums you must hear before you die
Pag. 500. The number of the beast
Editorial Universe, 2010
Otro escritor especializado, colaborador de las revistas Rolling Stone, Guitar World y Revolver, así como del diario The New York Times, J.D. Considine, afirma de manera categórica: “Parece poco probable que este Maiden clásico llegue a alcanzar la gloria de finales de los 80’s, aún con la reedición reciente de todo su catálogo […], más bien serán una sólida opción de entretenimiento dentro del circuito de la nostalgia” (Tomada de The New Rolling Stone Album Guide, 2008). El señor Considine, tal vez como muchos otros “expertos” dentro del negocio de la música, nunca adelantaron un hecho: The Final Frontier, el nuevo material de la banda británica, llegó a colocarse en el número uno en 30 (si treinta) países de los cinco continentes, incluido México. En otras diez naciones llegó a los primeros seis lugares, incluyendo Estados Unidos donde alcanzó el número cuatro, posición más alta en la historia de cualquier disco de la agrupación (exceptuando las entregas en vivo, que en USA alcanzan el número 1 y 2 en varios casos). Esto lo convierte en su álbum más exitoso, en cuanto a posiciones en las listas de popularidad. ¿Nostalgia? No lo creo, esta banda va mucho más allá de eso. Si bien han hecho giras (como la pasada “Somewhere back in time tour”) donde rescatan temas del pasado para deleite de miles de seguidores, si revisamos con cuidado la última década nos daremos cuenta de la dirección de este nuevo Maiden, reinventado; pero empecemos por el principio.
La historia nos remonta a 1975 cuando Steve Harris bautizó a su grupo como tal, Iron Maiden. El nombre lo tomó de una adaptación cinematográfica a la novela de Alexandre Dumas, El hombre de la máscara de hierro. Durante cinco años la alineación integró a varios intrascendentes personajes, a excepción de Dave Murray, que en 1976 se unió como guitarrista. El despegue definitivo se dio en 1980, cuando se editó su ópera prima, alcanzando el número 4 en Gran Bretaña. El destino quiso que coincidiera con lanzamientos de otras agrupaciones que juntos abanderaron el “New Wave of British Heavy Metal Movement” o NWOBHM, por su siglas en inglés. Comenzó así la primera etapa de la banda, con Paul Di’Anno en la voz y Adrian Smith se unía también como segundo guitarrista. Para la segunda entrega (Killers, 1981) se asociaron con un personaje definitivo en la evolución de la propuesta, Martin Birch, quien produjo y mezcló el álbum, notándose de inmediato su influencia y estilo. No por nada, Birch ya había producido a Deep Purple, Rainbow y Black Sabbath con Dio. Esa asociación sería muy importante en el siguiente álbum, el majestuoso The number of the beast (1982).
Hay discos que marcan épocas, éste de Maiden es uno de los más importantes en el desarrollo del rock pesado. Bruce Dickinson, un joven cantante metalero hacía su debut con el grupo y el perfeccionista Birch le arrancó hasta el último aliento. Las guitarras, por primera vez, se escuchan con una sincronía rayando en la perfección y Steve Harris lleva al límite de la locura la parte rítmica, arrastrando a un inexperto Clive Burr en la batería, sustituido por el harto talentoso Nico McBrain para el disco siguiente. Llegaba así la segunda etapa, la ahora llamada clásica, la de la consolidación. No es raro escuchar decir que grupos actuales citen a Maiden y The number of the beast como una de sus grandes influencias. El quinteto, bajo el ala de Birch, permaneció inmutable para Piece of Mind (1983), Powerslave (1984) y Somewhere in time (1986). Para 1988 con Seventh son of a seventh son, se dio un cambio con la incorporación de un teclista, como miembro no oficial (aunque lleva desde entonces haciendo estas labores para con el grupo), Michael Kenney. Los experimentos llevaron a la banda a explorar sonidos para ellos desconocidos, sin embargo, lograron un balance perfecto entre las habituales guitarras frenéticas y las pausas en la melodía. Ya no todo era potencia y velocidad. Muchos hablan de este disco como su segunda obra maestra, situación en la que concuerdo. Aunque los temas no se hayan popularizado tanto, el material fue tan convincente como para hacerlo número 1 en el chart británico. Con No prayer for the dying (1990) vino un cambio que rompió la armonía: Adrian Smith deja la banda y su lugar lo ocupa un guitarrista bien establecido, Janick Gers, quien había trabajado con Ian Gillan en sus trabajos en solitario. La falta de entendimiento con el nuevo integrante se notó de inmediato y me atrevo a decir que este álbum es el más anodino en el catálogo de la banda, sin embargo solo era cuestión de tiempo para que la magia resurgiera y en 1992 con Fear of the dark, la sincronización alcanzó niveles de maestría. Los que fuimos testigos de la primera incursión en tierras mexicanas el 1 y 2 de Octubre de ese año en El Palacio de los Deportes, como parte de la gira de promoción, estaremos de acuerdo en la majestuosidad del evento. Por desgracia, este fue el fin de una época, la segunda y la marcan dos sucesos: la salida de Dickinson y el retiro de Martin Birch.
The X factor (1995) y Virtual XI (1998) marcan la tercera etapa, la más oscura, la más menospreciada, la menos redituable, a pesar de algunas genialidades. Blaze Bayley, un vocalista con gran presencia y voz potente, trató con todas su fuerzas sustituir a Dickinson y borrarlo de la memoria de los fans, pero nunca lo logró. En esas épocas eran comunes las anécdotas de vasos de cerveza (o algún líquido sospechoso) impactados contra la humanidad del cantante, escupitajos, dedos medios a todo lo alto, abucheos, señas obscenas y todo lo que pudiera molestar al susodicho. El resultado final fue el obvio y con más pena que gloria, Bayley dejó la banda. Recuerdo el concierto que cerró la gira The X Factor en el Palacio de los Deportes en Septiembre de 1996, donde los temas de ese disco sonaban bastante bien, despertando la ira de muchos fanáticos que maldijeron al esforzado cantante y a su progenitora. “Ponte a cantar las de Iron Maiden, vástago de madre de dudosa reputación” le gritaban con todas sus fuerzas y claro en términos más coloquiales.
Dickinson, después de probar en solitario con cinco álbumes (bastante interesantes por cierto), decidió reunirse con sus compañeros. También Adrian Smith lo hizo, pero en vez de sustituir a Gers, decidieron probar suerte con tres guitarristas y se trajeron a bordo a nuevo productor, Kevin Shirley, en cuyo currículo destacan trabajos con bandas como Aerosmith, Rush y Dream Theater. Todos grandes aciertos. Brave New World (2000) nos trajo este nuevo concepto, muy alejado de los años con Martin Birch. La estructura de las melodías, los sonidos de las guitarras y una explotación más incisiva del bajo, engalanadas con una tesitura más suave en la voz de Dickinson, daban muestra del nuevo rumbo que perseguían. Los constantes cambios de ritmo, las pausas mucho más acentuadas y los teclados, aunque muy matizados, con gran relevancia. Todo esto constituye el nuevo enfoque que los Maiden pretenden inyectar a su música. Dance of Death (2003) y A Matter of Life and Death (2006) complementan la trifecta de esta nueva fórmula con Shyrley, que se repite para la producción que da nombre esta nueva gira. En definitiva esta cuarta etapa es muy distante de las otras tres y ha probado ser un gran suceso, no solo en ventas, sino en las presentaciones en vivo, donde Iron Maiden sigue siendo un gran imán de taquilla. Lo interesante será escuchar los “viejos” temas con los “nuevos”. El contraste será a todas luces evidente.
La Crónica de la bestia
Woe to you O earth and sea, for the devil sends the beast
With wrath because he knows the time is short.
Let him who hath understanding reckon the number of the beast
For it is a human number/its number is six hundred and sixty six.
Pero ay de ustedes, tierra y mar porque el diablo ha descendido
hasta ustedes con todo su furor, sabiendo que le queda poco tiempo.
Para esto se precisa sutileza. El que tenga inteligencia calcule
la cifra de la Bestia, porque es una cifra humana: 666
Del libro del Apocalipsis. Capítulo 12, verso 12; capítulo 13 verso 18
En medio de un caótico y desesperante tráfico de viernes por la tarde/noche de fin de semana largo, por el asueto del natalicio de Benito Juárez; el Foro Sol, tan cerca del aeropuerto internacional de la Ciudad de México y tan lejos de miles de histéricos automovilistas, lucía una fascinante vendimia de artículos alusivos al grupo, destacando por supuesto a su famosa mascota Eddie, luciendo todas las caracterizaciones imaginables: desde las clásicas portadas ochenteras, pasando por clásicos del cine como Naranja Mecánica o Terminator, hasta una muy mexicana con tremendos bigotazos a lo Agallón Mafafas. Playeras de todos tamaños, chamarras, tazas, encendedores, paliacates, ceniceros, vasos, posters, conjuntos para bebés, tenis, bufandas, almohadas, todo lo que pudiera llevar el nombre del grupo o la momia en todas sus versiones. Surreal se veía cada puesto, kafkiana era la entrada a la impresionante estructura donde los cientos de policías y personal de seguridad revisaban, indiferentes, a los miles de seres extraños dándonos cita en ese lugar, antes autódromo, hoy estadio de béisbol. Los tiempos son otros, ahora es normal (y un gran negocio) asistir a este tipo de presentaciones sin ser molestados por las ultra conservadoras organizaciones de doble discurso y moral distraída que muchas veces son socios mayoritarios, beneficiarios directos de estas mega presentaciones. Las imágenes siguen impactando, a lo mejor escandalizando a algún distraído transeúnte o padre de familia quisquilloso, pero nada más. En medio de este mercado sacado de un cuento de Poe o de una película de Romero y sus muertos vivientes, el ánimo estaba en su punto para una velada inolvidable. Pero nada de lo anterior podía prepararnos para lo que seríamos testigos una vez que estos veteranos ingleses se adueñaran del espectáculo, en punto de las nueve de la noche.
Creo oportuno hacer un paréntesis. Si observamos la portada del nuevo material (y décimo quinto en la historia de la agrupación), notaremos a un Eddie mutante, una especie de Depredador moderno (refriéndonos a la exitosa saga de películas, por supuesto), queriendo rescatar algunas facciones, muy tenues, del dibujo clásico. Estamos en una escala evolutiva al final de la cadena. Incluso las calaveras humanoides, vistiendo trajes espaciales, muestran una dentadura atípica, inhumana. Del mismo modo la propuesta de Iron Maiden ha cambiado y es casi imposible reconocer al grupo del nuevo siglo, comparándolo con el de dos décadas anteriores. Tres guitarras en perfecta sincronía, una batería formidable y un bajo magistral, engalanan la voz potente y educada de un actor con gran dominio escénico. Este concierto no fue para los seguidores de la vieja guardia, aquellos ávidos de los clásicos éxitos; por el contrario, fue una presentación para atestiguar el nuevo rumbo que desde “Brave New World” han tomado y ha seguido un matiz muy similar a lo largo del nuevo siglo. Esa momia mutante espacial son ellos mismos, reinventados; esos humanoides somos nosotros; apenas nos hemos reconocido, pero con algunas nostalgias hemos llegado al punto de no perdernos en la frontera final. He aquí pues, la historia de esas dos extrañas horas.
Godsmack estuvo anunciado para abrir el evento, no lo hizo; Maligno, agrupación mexicana tuvo ese honor. No pude ver nada de ellos, esperando a mi gran compañero de aventuras y compinches, que al final llegaron para las últimas cinco canciones. “Pinche tráfico”, fue lo que exclamaron. No los esperé. Haciendo caso de una voz, casi como mi conciencia, me enfilé por la marabunta humana enfundada en playeras negras y me encaminé al lugar de honor, a la sección más cercana al escenario y tuve a tiro de piedra los integrantes de la dama de hierro (sobrenombre castellanizado, utilizado por algunos seguidores). Con una recepción pésima para teléfonos celulares y una bellísima luna en el firmamento, el concierto comenzó con un video futurista, algunas apariciones esporádicas, feroces y muy festejadas, del ser mutante; luego el rostro del vocalista interpretando las líneas de “Satellite 15” (The Final Frontier, 2010; FF de ahora en adelante), una nave espacial volando y tratando de entrar en la órbita de un planeta extraño. Cuando por fin lo consiguen, se abre una puerta y la escenografía se ilumina: estamos en la nave y aparecen los tripulantes.
“The Final Frontier” (FF) se escucha con toda su estridencia y un muy bien conservado Bruce Dickinson toma el control del escenario. Piloto certificado de aviones tipo Boeing, esgrimista galardonado, escritor y uno de los pocos tenores metaleros, este polifacético rockero, hace de cada tema una breve obra de teatro, donde da vida a un sin fin de personajes; gesticula, ríe, llora, grita, maldice. Dave Murray se posiciona como el guitarrista principal y a lo largo de 120 minutos monta un duelo a muerte con Adrian Smith y Janick Gers, en una conferencia tripartita de guitarras potentes, alucinantes y maravillosas. Steve Harris es el amo y maestro, dueño de una rítmica exquisita y de un dominio total de su instrumento. McBrain en la batería es lo más desperdiciado de la agrupación, sin embargo cumple de manera cabal su trabajo y cuando arriesga esas baterías a contratiempo, pareciera ponerse al nivel de euforia de sus compañeros. La sofisticación de la composición es fascinante y la historia tipo “Space Oddity” de David Bowie enmarca la pieza en un tono futurista casi imposible. El “Major Tom” de Bowie sabe que no volverá a casa, el personaje de esta fantasía aún guarda la esperanza de hacerlo y hace una introspección que dura unos diez minutos y se conecta de manera natural con “El Dorado” (FF), esa irónica crítica al consumismo brutal de estos días, a esas calles pavimentadas con oro macizo que nos venden cada día, a esos créditos carísimos que pagamos sin el menor reparo. El bajo de Harris es una delicia; en las guitarras, esa guerra sin cuartel llega a terrenos de batalla épica y el performance del vocalista alcanza tintes de tragedia griega. Solo recuerdo al recién fallecido Ronnie James Dio, con cualidades similares y ambos dieron a sus agrupaciones un toque personalísimo fascinante.
Llegó el momento de la pausa, del “good night México City, glad to be here again”. Un lleno hasta las banderillas, aunque seguía llegando gente, atorada en el tráfico y molesta, a decir de su semblante. 55,000 personas se dieron cita, según cifras oficiales, aunque se notaban algunos huecos en las tribunas. “2 Minutes to Midnight” (Powerslave, 1984) llegó como un bálsamo a los miles de seguidores de la vieja guardia, ávidos en deshacerse la garganta interpretando esto temas ya catalogados como clásicos. En contraste con los temas largos, este duró unos seis minutos y hace referencia al “reloj del Apocalipsis o del Juicio Final”, utilizado por el boletín de científicos nucleares en Chicago, desde 1947. La medianoche simboliza la destrucción de la humanidad y los dos minutos es lo más cercano que ha estado ese reloj de la fatal hora: Septiembre de 1953, cuando los Estados Unidos y la Ex-Unión Soviética lanzaban bombas nucleares de prueba, como cruel advertencia de su poderío bélico. En la actualidad ese reloj marca seis minutos antes de las doce y ha evolucionado de amenaza nuclear a advertencia por cambios climáticos y desastres naturales. Habría que ver si se ajusta unos minutos después del tsunami que azotó a Japón hace unos días.
“The Talisman” (FF) nos cuenta un nuevo relato, aunque recurrente en las fábulas “maidenescas”: el viajero intrépido, el navegante, el marino que en primera persona narra la tragedia de cuatro naves atrapadas en una tormenta. Comienza la aventura con una guitarra acústica, algunas nostalgias, de esas por la tierra que se deja, de los recuerdos atesorados; después viene el cambio de ritmo, la narración brutal del desastre, de los momentos de desesperación, de aferrarse a un talismán para mantenerse con vida. Los que no se ahogaron, fueron gravemente heridos, otros murieron a lo largo de 20 días sin alimento, sin agua potable. El final es esperanzador y llegan a tierra firme del otro lado del mundo aunque nunca se sabe si el héroe sobrevive, pues ya no tiene fuerzas para hacerlo. “Que hueva de rola”, exclamó un indiferente seguidor. Rompió con la atmósfera melancólica y con la estructura similar a una breve sinfonía. En lo particular fue lo mejor de la noche, reafirmando eso de que los británicos están ya en otro rollo y los seguidores siguen aferrados en hacerlos tocar una y otra vez los primeros siete álbumes. Para molestia (supongo) del displicente, continuaron con otra rola del nuevo disco, “Coming Home”, precedida de unas palabras, explicando la concepción de la misma: una alegoría a las giras extensas, desgastantes y kilométricas (claro, muy redituable$$$) que los hacen alejarse de casa.
Cuando llegó el turno de “Dance of Death”, del disco homónimo de 2003, una gran manta alusiva hizo su aparición. El título hace referencia a las pinturas medievales donde se veía a la muerte (en su representación occidental) llevando de la mano a una serie de personajes, en una danza siniestra o macabra, como también se le conoce. En este caso, el personaje (al parecer en medio de una pesadilla) recrea esa escena, pero termina huyendo, sano y salvo. Ritmos celtas se combinan con guitarras psicodélicas, incluso Gers recrea algunos pasos de esa danza macabra, mientras el cantante gesticula y se contorsiona ante la mirada perpleja de un público eufórico. Luego otra manta, la caracterización de Eddie que más agrado personal tiene: en traje de militar rasgado por el calor de la batalla y sosteniendo una raída bandera británica en una mano y una espada ensangrentada en la otra; un lágrima de sangre asoma por sus ojos y una mueca de dolor, terror y angustia se combina al ritmo de “The Trooper” (Piece of Mind, 1983). Otra gran ovación, aunque duró escasos cuatro minutos. El vocalista camufló la vestimenta castrense y ondeó un lábaro similar al de la imagen. Llegó el turno de dos temas de Brave New World (2000), “The Wickerman”, lo más flojo de la velada y el emotivo “Blood Brothers” dedicado a los miles de seguidores sufriendo las consecuencias de desastres naturales y humanos. Estos hermanos de sangre fueron específicamente los habitantes nipones abatidos por el tsunami (Iron Maiden tuvo que cancelar dos conciertos en Tokio por este motivo); los australianos, sacudidos por un terremoto y los libios, en medio de otra guerra “justa” para democratizar a punta de pistola a los “atrasados” africanos. A ellos dedicaron voz, garganta e interpretación.
Con “When the Wild Wind Blows” (FF) se resume en una melodía el nuevo concepto de la banda. Si bien siguen siendo recurrentes y hasta obsesivos en sus temas, como el fin del mundo, en este caso, lo hacen desde una perspectiva distinta: una construcción rítmica suave, un bajo incisivo y constante, unos cambios de ritmo muy marcados y más de diez minutos de construcción melódica elaboradísima. Cada guitarra toma su liderazgo en alguna parte de la melodía y parece platicar con las otras dos, mientras Dickinson habla de los pormenores del fin de la humanidad, con una nueva manta de una ciudad devastada de fondo. Otra vez dejan testimonio del nuevo rumbo para descontento de muchos insurrectos. Siguiendo ese orden de ideas, rescataron “The Evil that Men Do” (Seventh Son of a Seventh Son, 1988), que a diferencia de las otras dos ochenteras, si pudo escucharse a tono con las del presente siglo. Para Fear of the Dark, del disco homónimo de 1992, la temperatura había subido, junto con los gritos, las ovaciones. Este tema es de los que me gusta escuchar en vivo, por el enorme coro colectivo, por la participación de las 55,000 gargantas, por la noche escalofriante y los demonios nocturnos, envueltos en un relato tan antiguo como la misma humanidad: el miedo a la oscuridad, a lo desconocido, a los ruidos que escuchamos y nos aterran; a las criaturas que nos acechan en nuestros sueños, en nuestra mentes; a las brujas aterradoras en sus escobas voladoras; el miedo a la oscuridad. Para cerrar llegó un tema que se escuchó tan anacrónico, que pareciera pertenecer a otra banda, “Iron Maiden” (álbum y banda homónima, 1980) y que describe la sutil invitación a conocer este aparato de tortura con todas las consecuencias que conlleva, incluyendo la muerte misma. Un poco más de 90 minutos habían pasado y el rito del falso adiós se repitió una vez más. Apareció una nueva escenografía de fondo, luciendo ahora un tremendo “close up” del ser mutante, justo cuando las palabras en inglés al inicio de esta crónica se escucharon en la voz de quien siempre pensé era el actor Vincent Price, pero en una entrevista reciente pude confirmar que no fue él, sino un locutor de radio inglés, especialista en narrar historias de terror, el responsable de tan aterradora introducción al tema “The Number of the Beast” (también disco del mismo nombre, 1982) o la pesadilla con el mismo chamuco como protagonista. Obvio es decir, que fue el tema más aplaudido de la velada y también el más coreado, para continuar con otra magnífica pieza del mismo álbum, “Hallowed be thy name” donde un preso, a punto de ir al patíbulo hace las últimas reflexiones sobre su existencia.
Una apoteosis sería el resumen de esas dos horas, tomando este significado: “Manifestación de gran entusiasmo en algún momento de una celebración o acto colectivo”. Eso fue, de manera exacta, lo experimentado durante 120 minutos. Iron Maiden, la dama de hierro, la banda con el extraño don de contar historias estridentes, sigue más vigente que nunca. La nostalgia cuenta: yo nostalgio, tu nostalgias, ellos nostalgian y cómo me revientan los que no nostalgian, ellos nos entienden. Pero además de esta nostalgia, está el nuevo Eddie mutante, reinventado, reconstruido. Ese nuevo ser también tiene cabida en un futuro inmediato. Veamos que nuevas sorpresas nos tiene.
Roger Waters: The Wall 2010
Todo va a estar bien, solo sigan consumiendo
Roger Waters. The Wall Live 2010
Palacio de los Deportes, 18 de Diciembre. Ciudad de México.
Por Alejandro Corral
“…Él me puso una cinta con el nuevo disco en que estaba trabajando.
Había algunos grandes músicos en el álbum y, debido a que disfrutaba
mucho de la compañía de Roger, acabé acompañándolo al estudio
y trabajando en su disco. Nos la pasamos muy bien y, en un momento
dado, le dije bromeando: Deberías llevar eso de gira. Entonces
me preguntó si me iría con él y , puesto que se trataba de la excusa
perfecta para escapar de los problemas que tenía en casa, le dije que si”
Eric Clapton, tomado de su autobiografía
Hablando de “The Pros and Cons of Hitch Hiking”
A Christian y Manuel. Sin su invitación, este escrito no existiría
Harto conocida es la historia de Waters entre 1967 y 1983, como miembro de la legendaria banda Pink Floyd (aunque de manera oficial su salida fue hasta 1985). Entre esos años se editaron 12 álbumes de estudio, uno en vivo y 5 compilatorios que influenciaron de manera definitiva a toda una generación de músicos y adolescentes rebeldes, para horror de las clases más conservadoras inglesas. Sin embargo, después de 1983, Roger, es recordado más por sus pleitos legales con los ahora ex-miembros de la banda, que por su trabajo de solista. La espectacular lucha de egos entre Waters, Gilmour y Mason fue de proporciones épicas por los derechos de explotación de la discografía, nombre del grupo e incluso imágenes creadas durante esos 16 años de convivencia. Los medios, e incluso los seguidores, satanizaron a Waters y de alguna manera vieron con agrado los dos esfuerzos posteriores, lanzados al mercado bajo el nombre en disputa (“A Momentary Lapse of Reason” [1987] y “The Division Bell” [1994]). Cierto es que ambas propuestas alcanzaban algunos momentos interesantes en lo musical y daban testimonio de la extraordinaria manufactura alcanzada por el trío Gilmour/Mason/Wright, sin embargo lo más cercano a un verdadero concepto pinkfloydiano lo logró de manera absoluta Roger Waters ante una indiferencia casi total de los medios, industria y público en general.
En 1984, el soberbio “The Pros and Cons of Hitch Hiking” apenas llegó al número 13 en el chart británico y un 31 en el de Estados Unidos, a pesar de contar con músicos de la talla de David Sanborn (saxofón) y del legendario Eric Clapton en las guitarras. La gira fue un fracaso (a pesar de que el mismo Clapton era parte de la banda de apoyo) y muchos promotores esperaban un nuevo disco de Pink Floyd, no uno de Roger Waters. Un verdadero álbum conceptual que seguía la línea alcanzada por “The Wall”, es ahora poco recordado. Para 1987 “Radio K.A.O.S.”, tal vez lo mejor de sus años en solitario, tuvo peor suerte y casi cuesta la quiebra al artista, en contraposición del álbum lanzado por sus ex-compañeros ese mismo año, vendiendo millones de copias.
Un ligero resurgimiento lo toma por sorpresa en 1990 donde monta un gran espectáculo antes unas 250,000 personas para conmemorar la caída del muro de Berlín y juntar toda una pléyade de músicos, heterogéneos en estilo, capturado en el álbum doble “The Wall Live in Berlin”. Para 1992 alcanza su punto más alto en lo comercial con el interesante “Amused to Death”, donde la mayoría de las guitarras fueron hechas por el maestro Jeff Beck y entre los colaboradores encontramos a varios miembros de Toto, como Jeff Porcaro y Steve Lukather. Un momento brillante se logra en la pieza “Perfect Sense” donde la bella P.P. Arnold alcanza una soberbia catarsis al interpretar las líneas donde un mono evoluciona hasta hacerse comandante del un submarino nuclear. El disco, también doble, “In The Flesh” (2000) recrea la gira de promoción, acompañada de algunos éxitos logrados en los años de Pink Floyd, incluyendo las únicas interpretaciones en vivo registradas (por miembro alguno del grupo) de temas del álbum “The Final Cut” (1983).
Estos tres discos de estudio vienen a ser el legado de un artista preocupado no solo en las formas musicales, sino en las posturas, en lo visual y en lo artístico, sin que esto signifique que lo primero se vea rebasado por algo de lo segundo, por el contrario, en lo estrictamente musical, Waters demuestra que es capaz de lograr pasajes de belleza inusual, así como las paranoias más extremas, pasando por todos los estados de ánimo imaginables. Todavía podemos irnos más allá del rock y escuchar su composición última, de corte clásico, en la ópera “Ca Ira” y preguntarnos, ¿es Pink Floyd Roger Waters? O ¿Roger Waters es Pink Floyd? A estas alturas esto tal vez sea irrelevante, pero hace unos años la moneda estuvo otra vez en el aire cuando nos trajo “The Dark Side of the Moon Live” y nos regaló una de las noches más memorables en tierras mexicanas. Ahora con “The Wall Live” promete superarlo. Veremos si lo logra.
The Wall
Es necesario hablar de la obra en cuestión para entenderla. Según testimonios de Waters/Gilmour/Mason/Wright había dos propuestas al momento de concebir el álbum, la primera es la que conocemos como tal y la segunda evolucionó hasta convertirse en “The Pros and Cons of Hitch Hiking” (tal vez de ahí algunas similitudes entre ambas).
La primera explora el relato personalísimo del bajista, exagerado a base de una serie de alucinaciones contando la historia de “Pink” (interpretado de manera magistral por Bob Geldof en la película de Alan Parker). En palabras del mismo Gilmour, este proyecto fue pensado desde su inicio para ser una trilogía narrativa temática, es decir, un álbum, una película y un espectáculo en vivo. La columna vertebral sería, por obvias razones, el disco doble, de donde partiría la historia inicial, o en otras palabras, todo se iniciaría con la música. Luego entonces, es imposible separar una parte de las otras, todas deben verse como un conjunto. El clímax debe ser el espectáculo en vivo donde conviven las tres partes como una unidad.
Esta producción (el álbum) significó un parte aguas en la historia de la banda. Al terminar la grabación, Richard Wright se separa del grupo y aunque se reincorpora para la ambiciosa gira de promoción lo hace como músico asalariado, no como parte de la agrupación. Gilmour tuvo un rompimiento irreversible con Waters por la casi nula participación en el diseño y estructuración del proyecto. Esto se acentuó de manera más evidente para el álbum “the final cut” donde el guitarrista no tuvo participación alguna como compositor y solo se escucha su voz en un solo tema. Para colmo, este disco se presenta como una idea original de Roger Waters y dedicada su padre. Este esfuerzo, significó el último de la banda y estaba destinado a servir como “soundtrack” de la película “The Wall”, sin embargo, con la guerra de las Malvinas en marcha, el concepto se cambió de manera radical y solo algunas canciones fueron usadas para la cinta.
Volviendo a 1980, con el álbum doble en el mercado y la película en pláticas avanzadas, se trabajó en la puesta en escena del concepto. Desde un inicio se habló con Gerald Scarfe para animar gran parte de la historia. Él mismo cuenta la enorme dificultad de aterrizar ideas y plasmarlas en dibujos. Reunió un equipo creativo y cual sería su decepción al revisar los bosquejos, enterándose que muchos personajes y animaciones estaban hechos a la manera de Disney, empresa que prácticamente monopolizaba la creación de dibujos animados para cine. Scarfe tuvo entonces que utilizar todo su ingenio para llegar a secuencias tan siniestras y majestuosas como las flores en un rito de amor mortal, las águilas convirtiéndose en aviones de guerra, los martillos marchando de manera ordenada, parodiando al ejército nazi y la extraordinaria secuencia del juicio, con jueces gusanos y mujeres ponzoñosas. Todas esas ideas fueron incluidas por Alan Parker en la cinta.
La gira, debido a lo ambicioso y oneroso del proyecto, solo pudo llevarse a cuatro ciudades: Los Ángeles, Nueva York, Londres y Dortmund (Alemania), entre Febrero de 1980 y Junio de 1981. Treinta y un conciertos, fue todo lo que el mundo pudo presenciar. Según evidencias videográficas, algunas publicaciones en diarios y sobre todo gracias a la edición conmemorativa de veinte aniversario, llevada al mercado con el nombre de Is There Anybody Out There? The Wall Live 1980–81, toda la parafernalia, títeres gigantescos, pantallas e imágenes en las bardas eran parte del show. Waters intenta, ahora con esta gira, aprovechar al máximo la tecnología existente para al fin presentar lo que tenía en mente en esos días.
Finalmente, la película, estrenada en 1982 y presentada en festivales tan selectos como Cannes, no tiene la concepción inicial de la que habla Gilmour al principio de esta sección. Según el mismo Parker, él no fue la primera opción para dirigir la cinta y se pensó en el animador Scarfe para hacerlo. Waters sería el protagonista y de hecho se haría un “soundtrack” nuevo e independiente (todo lo platicado de “the final cut”). Al final, Parker, un fanático irredento del grupo, fue persuadido por la disquera EMI para tomar el proyecto, trabajó con Scarfe para el uso de las animaciones y fue el que convenció a Bob Geldof de aceptar el papel de Pink. La secuencia donde Geldof se rasura las cejas, pezones y pecho, está inspirada en un evento similar realizado por Syd Barrett años antes y referido por Waters al actor. De hecho se cuenta, que Geldof llegó a conocer a Barrett antes de entrar a los estudios de filmación y se inspiró en él para sacar adelante su personaje. Durante la premier en Cannes, Parker cuenta que Steven Spielberg estaba a cinco filas de él y le escuchó decir, al terminar la presentación:
“What the fuck was that? (¿Que chingados fue eso?)” A lo que el director de “Fama” y “Las Cenizas de Ángela” respondió en una entrevista posterior, refiriéndose a esa anécdota: ¿Que chingados fue eso? Es algo que nunca se había visto, una rara y confusa fusión de secuencias en vivo, animaciones y cargas surrealistas>
Por primera vez veremos la real integración de estos tres elementos: álbum, película y presentación en vivo. Estaremos haciendo historia.
La Crónica
¿Cómo comenzar a contar una de las mejores experiencias musicales en la vida de un mortal? Tomando prestado al cubano Silvio Rodríguez: ¿Qué debiera decir? ¿Qué fronteras debo respetar? Tanto por contar y pocas palabras para expresarlo. Bastaría con resumirlo en una: inolvidable. Pero tratemos de hacer un ejercicio de la memoria, una reconstrucción de hechos aislados, tratando de juntar las piezas y hacer un todo; juntar cada ladrillo, construir esa pared y hacerla pedazos.
El palacio de los deportes, con su viejo y opaco domo de cobre recibiría a unas 18,000 personas en medio del tradicional mercado de mercancías legales e ilegales alusivas al solista y al grupo que lo vio nacer. Precios de reventa exorbitantes, sobrepasando en algunos casos la barrera ideológica de los 5,000 pesos por boleto, decenas de revendedores y la grata compañía de dos amigos con sus respectivas familias. La cita estaba anunciada a las 21:00 horas y justo a esa hora comenzó el espectáculo, pero no con el tradicional formato de apagar las luces y recibir al grupo o artista en cuestión. Lo primero fue escuchar en el sonido ambiental distintas voces: Bob Dylan interpretando “Like a Rolling Stone” y “Masters of War”, John Lennon con “Imagine” y “Mother”, Los Beatles con “Let it Be”, entre otras. El escenario lucía espectacular con un muro a medio construir, instrumentos musicales por doquier y una gran pantalla circular al fondo. Un vagabundo comenzó a recorrer la parte baja del recinto, con un carrito de supermercado y un gran letrero en castellano: “NECESITO DINERO PARA TRAGOS Y PUTAS”. Se acercaba a la gente, le tomaban fotos, sonreía y tal vez pocos notaron que en su carrito llevaba un muñeco, réplica de pink caricaturizado. Recomendaciones de no tomar fotografías con flash, ignoradas por completo. Media hora de incertidumbre y el falso indigente terminó su éxodo arrojando el muñeco al escenario, al mundo, a la locura que desataba un simple hecho aislado. El sonido de una trompeta y sin más, se apagaron las luces y fortísimos se escucharon los primeros acordes de “in the flesh?” casi en sincronía con explosiones bien planeadas por todo el escenario y la media pared comenzó a reflejar imágenes. Cada ladrillo sería una pantalla individual. Una introducción extendida y cuando aparece Waters las ovaciones subieron de tono y emotividad. Vestido de negro, se dirigió al público muy sonriente; de un maniquí improvisado tomó unos lentes oscuros y una gabardina negra, en la manga derecha un brazalete con el símbolo de los tenebrosos martillos marchantes encontrados. Los músicos se instalaron en sus posiciones y unos pseudo soldados/seguidores/fascistas ondeaban unas negras banderas con el mismo símbolo de los martillos. Entonces, ¿qué piensas? ¿Asistirás al show? ¿A sentir esa cálida sensación de confusión? ¿Dime, estás escapando cariño, no es lo que esperabas ver? Así comenzó la paranoia y en el clímax de la interpretación, un avión a escala, réplica de un bombardero nazi, se desplazó de lo más alto del techo hacia el escenario y se estrelló en medio de los aplausos de la concurrencia. El soldado Eric Fletcher Waters ha muerto y el primer gran trauma del alter ego del bajista comenzaba la historia. Esa orfandad paterna sigue una línea muy delgada para “the thin ice” y se vuelve un grito de reclamo en “another brick in the wall (part I)”. Papá voló atravesando el océano, dejando solo un recuerdo, una instantánea en el álbum familiar; papi, ¿qué otra cosa has dejado para mi? Y esa foto se muestra, enorme, en la circular pantalla: blanco y negro, el padre de familia, atuendo militar, la madre sonriente, sosteniendo a sus dos hijos, Roger es apenas un bebé, sin saber que ese momento lo marcaría para siempre; hasta los genios deben tener sus ritos de iniciación, sus episodios de dolor profundo. Familias felices no hacen buenas historias, afirmaba Dostoievski, tampoco álbumes conceptuales de esa envergadura. El rostro del padre desaparecido en acción, con datos generales de su muerte, se convierte en un ladrillo en la pared, el primero, le siguen otros personajes, también caídos en acciones de guerra. La melodía concluye y la gran barda, al menos lo que está construido hasta ese momento, se llena de caras, nombres, detalles. Emiliano Zapata, Salvador Allende, Ghandi, son algunos de los tantos personajes recordados.
Los coros, con voces homogéneas, son responsabilidad de los hermanos Kip y Pat, así como de su primo Mark; los tres de apellido Lennon, como una feliz coincidencia. A ese trío se le conoce como Venice, cuando Mike, otro Lennon, se les une. También un tal Robbie Wycoff hace las voces que David Gilmour dejó grabadas para la posteridad y su guitarra, lo más extrañado de la noche, era plagiada por el talentoso Dave Kilminster, quien ya había demostrado sus habilidades en la gira de “The Dark Side of The Moon” años antes. Dos músicos para llenar los zapatos de uno solo, del hijo pródigo que a finales de los 60’s se incorporó a Pink Floyd para ayudar y a la postre sustituir a Syd Barret.
“The happiest days of our lives” trajo a escena al profesor psicópata que avergüenza a los niños con tremendos golpes y comentarios irónicos. Una enorme marioneta inflable, con luces en los ojos se movía con su gesto amenazador y cuando se escucharon las primeras estrofas de “another brick in the wall (part II)”, el público respondió con una gran ovación. El segundo gran trauma, la escuela, los profesores. No necesitamos educación, no necesitamos que controlen nuestras ideas, no más sarcasmo en las clases, ¡hey profesores, dejen a los niños en paz! Al final solo somos un ladrillo en la pared. Imágenes de los infantes entrando a la máquina terrorífica y transformados en embutidos. En la imaginación del pequeño, una gran revuelta, un salón de clases destruido, la reprimenda al malvado profesor. ¡Déjenos en paz! Pero nunca los dejaron. Una veintena de niños (que alcancé a entender que pertenecían a un reformatorio de la Ciudad de México) subieron con Waters; reclamaron, maldijeron a la marioneta, le gritaron, le gesticularon y al fin la hicieron desparecer.
Otro ser caricaturizado, de hule e imponente comenzó a molestar, era la madre, que al fondo del escenario y al ritmo de las deliciosas guitarras acústicas, lanzaba tremendas miradas en forma de haces de luz al espectador. Madre, ¿Están tratando de romperme los huevos? ¿Debo postularme para presidente? ¿Debo confiar en el gobierno? Y como respuesta a ésta última pregunta, en un costado de la barda, a la que poco a poco se le agregaban nuevos ladrillos, apareció un enorme: “Ni madres wey” y en el otro “No fucking way”. Waters comentaría después de su concierto en la ciudad de Bergen, Noruega, en Abril de 2007, que al interpretar esta canción y mandar el mismo mensaje, había miradas de incredulidad por todos lados. “Allá si confían en su gobierno, no lo podía creer” afirmó el desconcertado bajista. En el palacio de los deportes fue una de las ovaciones más sonoras y aplaudidas. “Aquí no confiamos en el nuestro” le hubiera contestado, de haberme preguntado, pero no fue necesario. Por supuesto que madre ayudará a construir esa pared, a convertir tus pesadillas en realidad, en trasmitirte todos sus miedos, en escoger a tus novias; madre siempre estará contigo. Otra vez la añoranza a Gilmour, a Mason en la batería, al recién fallecido Wright en los teclados, a Pink Floyd en su totalidad; esos fantasmas estaban omnipresentes con cada nota interpretada.
Cuando llegó “goodbye blue sky” se logró uno de los mejores momentos, una sincronía única entre letra, sonido e imagen. Mira mami, hay aviones en el cielo ¿Los alcanzas a ver, atemorizantes? ¿Alcanzas a ver las bombas que caen? Y se proyectaron las aterradoras imágenes de águilas imperiales convertidas en modernos bombarderos que vomitaban mortíferos proyectiles, de esas que han matado a millones de personas, la mayoría inocentes civiles. Del vientre de los aeroplanos se precipitaban centenares de cruces cristianas, medias lunas islámicas, estrellas de David, símbolos comunistas, signos de pesos (más bien dólares), logotipos de Shell y Mercedes Benz. Maquinarias letales, asesinas, despiadadas, peligrosísimas, radicales, para quien lo quiera entender.
Para “empty spaces” comenzó la transición del niño al adolescente, al rock star, al ser ensimismado. Otra pieza, no incluida en el álbum pero rescatada en la película (“what shall we do know?”) propone una introspección del personaje, en forma de preguntas al parecer sin sentido y algunas de ellas dirigidas a los miembros del grupo, en tensión constante por esas fechas. ¿Debemos comprar una nueva guitarra, un auto más potente; debemos trabajar hasta altas horas de la noche, debemos estar peleando siempre? ¿Arrojar bombas, destruir hogares, dormir de vez en cuando, tratar a gente como nuestras mascotas? En las pantallas una escena dramática, real, de una patrulla norteamericana en Irak haciendo un alto a civiles y pidiendo que dejen las armas, los interpelados no entienden y se acercan cada vez más a nosotros, como si fuésemos esos soldados amenazadores. Son acribillados sin piedad y sus armas eran unas inofensivas sombrillas utilizadas para cubrirse del sol. La última frase de la canción cae como un balde de agua fría, nuestras espaldas contra la pared.
Para el tema de “young lust”, pink comienza a interesarse en las féminas y sus encantos, se enamora, se casa y se retrae aún más. Esos mensajes grabados en cada surco de su afectado cerebro no lo dejan ser feliz. Necesita una muchacha, una mujer sucia, un remanso de paz que nunca llegaría. En la casi completa barda de ladrillos blancos, mujeres bailando sensual y sexualmente, desnudas, perfectas. Cuando llegamos a “one of my turns”, recordamos a esa muchacha, a esa grupie en la cinta de Parker, exclamando emocionada sobre el tamaño del departamento, de las fabulosas guitarras, ¿estás bien? Y la respuesta fue la destrucción del inmueble, el acto de aventar la televisión por la ventana. En esa escena, Bob Geldof articula las únicas palabras en la película que no formaron parte de las letras del disco: “¡Take that fuckers!” Nuestro personaje está desecho, al borde del suicido y en su momento más negro se acuerda de su mujer, de esa adúltera que se acostó con otros cuando él la llamaba desde los Estados Unidos. “Don’t leave now” se escuchó como un llanto, con una tristeza casi sobrenatural, inhumana. Otra marioneta, monstruosa, como si Dalí la hubiera diseñado en uno de sus momentos de mayor lucidez surrealista, apareció ante nosotros, imponente, descomunal. La imagen es la esposa, la mujer que aterroriza al vilipendiado personaje. Verde, con los labios cual fuego encendido y las partes íntimas descubiertas, amenazadoras. Ya se había visto en una escena, con anterioridad, la conocida imagen de dos flores en un rito de amor, sexo y muerte, tomadas de las animaciones que Gerald Scarfe hizo para la película y se vieron redondeadas por esta bizarra marioneta. No me dejes, no me digas que es el final del camino, recuerda las flores que te mandé, te necesito. Un mensaje de amor suplicante, hueco, vacío.
El personaje está por completo abstraído en sus alucinaciones cuando se escucha la tercera y última parte de “another brick on the wall”. La pared, inmensa, está casi terminada. No necesito brazos a mi alrededor, no necesito drogas que me calmen, he visto lo escrito en la pared, no necesito nada, en absoluto. En el ambiente se entrelaza la segunda pieza jamás incluida en el álbum original, pero de igual forma rescatada para el show en vivo y la multipremiada cinta de Alan Parker, “last few bricks”, y la pared está terminada, concluida en su totalidad, a excepción de un ladrillo, el del centro donde Waters se asoma e interpreta la desgarradora “goodbye cruel world”. Pink nos explica que se encierra en su pared, en su metafórica guarida y no hay nada que podamos hacer o decir para hacerlo cambiar de parecer. Podría tratarse de una nota suicida, pero no lo es. La música se detiene, el héroe (o antihéroe), hecho añicos, pone la última y definitiva pieza. Se encienden las luces y comienza un receso de 15 minutos durante los cuales se reflejan las imágenes de los hombres y mujeres muertos en acciones violentas, de guerra, de guerrilla o en casos como el nuestro, en batallas absurdas que vamos ganando con una cifra cruel de más de treinta mil “daños colaterales” en poco más de cuatro años. Personajes desconocidos (la mayoría) por nosotros, pero que dejan el anonimato al leer su historia. Waters agradece haber mandado las imágenes y los textos a través de su página en Internet. “Siempre los recordaremos”, fue lo último que se leyó antes de retomar los hilos conductores de la historia, contada de tal manera, que Kafka hubiera palidecido de envidia genuina.
¡Hey tú!, Afuera en el frío, volviéndote solitario y viejo, ¿puedes sentirme? ¡Hey tú! No me ayudes a enterrar esta luz, no te des por vencido sin pelear. “Hey you”, tema excluido de la versión fílmica original, e interpretada en su totalidad detrás de la barda, que separaba al respetable de los artistas. Guitarras acústicas angustiantes y una voz que llamaba al desfallecido, al aniquilado. Lo quiere de vuelta en casa, pero la realidad es que la pared es muy alta y no puede salir de ella. ¡Hey! No me digas que no hay esperanza alguna; juntos prevalecemos, divididos caemos. Se abre un ladrillo, aparecen dos de los guitarristas al ritmo de “is there anybody out there?” y cuando llegamos a “nobody home” se abre una sección, justo enfrente nuestro donde se recrea ese cuarto de hotel. La televisión, la lámpara, el sillón y el personaje sentado viendo las imágenes con una indiferencia total. Tengo luz eléctrica, una segunda visión, sorprendentes poderes de observación; así es como sé, cuando trató de llegar a ti a través del teléfono, que no hay nadie en casa….Tengo el imprescindible permanente de Hendrix. Una referencia al maestro que tanto influyó la manera de interpretar la guitarra a Gilmour. La escena es sencilla, se nota a un Waters muy lejos de su personaje, está sonriendo, cuando debería estar sufriendo. Ese dolor a lo mejor ya fue superado, pero fue parte fundamental para la concepción del álbum. Eduardo Galeano, escritor Uruguayo, refiriéndose al futbolista Rivaldo, dijo que le parecía increíble verlo patear el balón y acertar 7 veces seguidas en el larguero del poste. “Solo alguien que ha sufrido lo indecible puede sublimar todo ese dolor en un gran talento”. Waters hace lo suyo al repetir esta obra, nota por nota, grito por grito, imagen por imagen, con una perfección difícil de explicar.
¿Alguien recuerda a Vera Lynn? ¿Recuerdan cómo decía “nos volveremos a ver algún día soleado”? Personaje icono durante la segunda guerra mundial, cantaba esta canción para alentar a las tropas inglesas a regresar a casa sanos y salvos. Para Waters, Vera no dijo la verdad. En la pantalla de la gran muralla blanca se proyectó una secuencia, en extremo conmovedora, de una niña en un salón de clases; desfigurada por el llanto, la emoción, la felicidad de encontrase con su papá, vestido de militar, regresando a casa; a ella, Vera si le había cumplido. El bajista nunca pudo vivir esa experiencia y de niño decía que manejaría un tractor al otro lado del océano para traer a su progenitor de vuelta. “Bring the boys back home” resultó ser una breve pero significativa pieza al rescatar, estilizado en un grafiti callejero, una frase de Dwight Eisenhower:
Y llegó uno de los momentos cumbre de la noche, aquel que define la soberbia sinergia existente por muchos años entre la dupla Waters/Gilmour, la comunicación entre el mundo exterior y pink, entre lo real y lo irreal. “Comfortably numb” encontró al primero al fondo de la pared, cantando las primeras estrofas, con esa voz suave, ajena al mundo, a la realidad y que poco a poco entraba en el subconsciente del, totalmente apabullado, muchacho. Luego el fantasma de Gilmour, dividido en un cantante, respondiendo el diálogo y un guitarrista respondiendo la melodía, ambos fantásticos, los dos en la parte alta del muro, como queriendo salir del mismo en cualquier momento. Tus labios se mueven pero no alcanzo a escuchar lo que me dicen. Cuando era niño tuve esa fiebre, mi cabeza se sentía como dos globos, ahora tengo la misma sensación. Estoy cómodamente ido, drogado. Nada se proyectó en ese momento, al menos nada que valga la pena mencionar, excepto el final que explotó en imágenes digitales la pared en miles de fragmentos. La música llenó cada espacio y nos emocionó. Somos casi veinte mil almas afortunadas de presenciar esta pesadilla moderna, como el Fausto de Goethe descendiendo a los infiernos. La pieza duró unos ocho minutos y el tiempo se detuvo, se encapsuló ante miles de mentes azoradas, impresionadas, estupefactas.
Si alguien recuerda la película, durante los últimos acordes, pink salía de su capullo, viscoso, y se transfiguraba en ese dictador neo-nazi/fascista de la primera pieza. En esta ocasión esa transformación brutal se da al unísono con el tema “the show must go on” (único que no aparece ni en el álbum doble original, ni en la película, pero si lo hace en la serie de conciertos de principios de los 80’s) y sirve de interesantísimo preámbulo al clímax de la noche, a lo más alucinado y a su vez lo mejor logrado. “In the flesh” nos regala íntegro el discurso del dictador a sus seguidores, representados en esta farsa por los miles de asistentes al coso de Añil. Les tengo malas noticias dulzuras, Pink no se sentía bien, se quedó en el hotel; en su lugar nos mando a nosotros para ver donde están en realidad. ¿Hay algún maricón en el teatro esta noche? ¡Pónganlo contra la pared! ¿Hay alguien alumbrado en los reflectores que no me agrade? ¡Pónganlo contra la pared! ¡Ese de allá parece judío, ese es negro! ¡Pónganlos contra la pared! ¡Por allá hay uno fumando un porro y ese tiene espinillas! Si por mí fuera, les dispararía a todos. Los músicos están del otro lado de la pared, visibles, vestidos de negro, con los brazaletes del símbolo de los martillos marchantes. En las pantallas, el mismo simbolismo. En un acto de locura extrema y como la expresión surrealista más pura (como diría André Breton), el dictador toma una metralleta en sus manos y nos dispara a todos, nos aniquila simbólicamente, nos odia. Un enorme cerdo negro, como dirigible dantesco y pusilánime, recorrió cada espacio aéreo del recinto. Fiel a su costumbre, Waters añadió una serie de frases en los costados y trasero del puerco, entre las que destacó:
Para “waiting the worms” la gran barda se llenó de asquerosos y reptantes gusanos. Waters mencionó que el significado de los mismos se traduce en la incomunicación del ser humano, en la decadencia y en el simbolismo nazi de la muerte y la degradación paulatina. Es común ver y escuchar la palabra gusano a lo largo del disco, producido por Bob Ezrin, quien le dio este toque de espectacularidad adicional a la obra de Pink Floyd. ¿Quieres ver a Bretaña gobernar de nuevo, amigo mío? ¡Solo sigue a los gusanos! ¿Quieres ver a nuestros coloridos primos irse a casa? ¡Solo sigue los gusanos! Todo era confusión, bocas atónitas, ojos bien abiertos, sentidos agudizados al máximo, cuando llegó un alto literal con “stop”. Alto, quiero irme a casa, quitarme este uniforme y abandonar el show; pero estoy encerrado en esta celda y necesito saber si durante todo este tiempo, he sido culpable. Con este cuestionamiento, se reprodujo, cuadro por cuadro, la animación del juicio, salida de la pluma de Scarfe para la película y magistral se vio en la imponente pantalla/barda/pared frente a nosotros. Cada una de las pesadillas, traumas y alucinaciones, se interpolaron en las imágenes proyectadas y el sonido, perfecto, retumbó en cada tímpano del respetable. ¡Buenos días, su gusana excelencia! El prisionero frente a usted fue sorprendido con las manos en la masa, mostrando sentimientos de la naturaleza más humana, inaceptables. ¡Traigan al maestro! Y ese fue el detonador para la paranoia más exquisita, una pesadilla donde vemos al personaje, arrojado inicialmente por el falso indigente del principio, siendo maltratado de todas formas posibles por las mismas marionetas caricaturizadas, por cada recuerdo de su patética existencia. El juicio se prolonga por unos diez minutos y termina de manera brutal y contundente. La evidencia presentada ante esta corte es irrefutable, no hay necesidad que se retire el jurado. En todos mis años de juez, nunca había visto ni escuchado a alguien que se mereciera todo el peso de la ley. ¡La manera en que lo han hecho sufrir, su exquisita madre y esposa hacen que me den ganas de defecar! ¡Hey juez, cáguese en él! Mi amigo, usted a expuesto sus miedos más profundos y lo sentencio a exponerlos frente a todos, ¡Derriben la pared! Y ese grito en inglés se volvió una sola garganta ¡Tear down the wall, tear down the wall, tear down the wall! La enorme estructura explotó y se colapsó frente a nosotros, atónitos. La barda quedó semidestruida, tal como la vimos al principio de la farsa, pero con los ladrillos derribados en el piso.
Lo siguiente es difícil de explicar, sería como ir a un museo y ver una pintura, sabiendo de antemano que no debe moverse, ni gesticular. De la misma manera se proyectaron imágenes en los restos de pared y en la pantalla circular, como si fuesen pinturas callejeras. Con la misma sensación de inmutabilidad descrita, las imágenes cobran vida, hacen un gesto, desprendiéndose de unos audífonos, y nos agradecen, nos dicen adiós con una gran sonrisa en los labios, para después volver a la postura original. El efecto fue grandioso.
De un costado de la pared semidestruida, salieron los músicos responsables de esta locura musical, con instrumentos acústicos, desde un acordeón hasta un banjo. Waters dijo unas palabras, ondeó una bandera mexicana, presentó a sus músicos, interpretaron la pieza “outside the wall” y se despidió. Al día siguiente, según videos documentales, también interpretó una versión de las mañanitas al ritmo de “another brick in the wall”, para redondear una noche de por si redonda en todos aspectos. Tal vez esta ópera rock surrealista progresiva no tenga el mismo impacto social o emocional que en su presentación inicial durante la gira de 1980-81, pero a título personal, es algo de lo más grandioso que he podido presenciar y lo agradezco. Estoy listo, se ha derribado esa pared.











