G3 (October 2006)


G3

Ahora Dios está sentado a la derecha de John Petrucci.

Por Carlos Zaldívar

Apenas iniciaba el ocaso del día diecisiete y la gran mayoría de fans ya estábamos dentro del recinto de la calle de Independencia: el Teatro Metropolitan.

Los, ahora Dioses, de las guitarras se presentarían en vivo en esta caótica ciudad, una vez más. Esta vez alinearon: Joe Satriani, John Petrucci y Eric Johnson.

Por extraña ocasión el lugar estaba repleto de fieles al trío de cuerdas. Abarrotado, y con una temperatura creciendo constantemente, el Metropolitan recibió al trío apocalíptico y el fantástico concierto dio inicio en punto de casi las diez horas.

Iniciamos con el plato fuerte: John Petrucci, quien ofreció más que una clínica de guitarra, una odisea lírica donde aprovechó para hacerle el amor a la guitarra con lujuria y pasión. Esa guitarra que gemía a miles de decibeles, y que seguramente Petrucci gozaría con sus manos, mismas que pareciera que eran intercambiables entre rola y rola.

En este momento, constaté que estaba presenciado lo que sería uno de los mejores conciertos de mi vida. ¡Excepcional!

Después de casi una hora, Petrucci se despidió y llegó al escenario otro Dios de los grandes: Joe Satriani.

A diferencia de Petrucci, Satriani hace el amor con la guitarra, sodomizándola hasta llegar al éxtasis que nuestros oídos agradecen infinitamente.

Eric no llegó como solista, sino hasta el JAM final.

Pensamos que Petrucci cerraría el ciclo de solitas, pero para sorpresa, fue quien lo inició. ¡Comenzamos quemando los buenos cartuchos! Desde el primer guitarrazo sabía lo grandioso de este evento.

Satriani se aventó casi una hora adorando y manipulando la guitarra como el mismísimo demonio al trinche. Es una extremidad más.

Después de poco más de 2 horas, salió Eric y después de unas notas sobre las cuerdas, entonaron los tres Dioses, la ya legendaria VOODOO CHILD del maestro de maestros, Hendrix.

Eric tomó el micrófono y estuvo a cargo de la voz de Voodoo Child, tal como Hendrix lo habría hecho: con pasión, locura y acompañado de otros jinetes apocalípticos traídos del paraíso.

Con esta rola, constatamos que era el valor agregado de nuestro boleto. Y también supe que cerrarían con una más: ROCKIN’ IN A FREE WORLD!

Y así fue.

Estuvimos presentes en uno de los mejores conciertos de rock en la historia, con tres grandiosos y polifacéticos guitarristas y que ahora son considerados de los mejores del mundo, dentro de la segunda camada de los mismos.

Tres virtuosos de las cuerdas que llevan en la sangre, ese divino don, que se refleja en sus manos, al “relacionarse” con ese instrumento al que Hendrix le cambió el significado de su existencia: la guitarra.

Gozamos de rolas como: Back Pages, Trade Mark, The Extremist, Brilliant Room, Jaws of Life, Glasgow Kiss, Flying in a Blue Dream, Redshift Riders y obviamente las del JAM Final.

A mi gusto, Petrucci se llevó la noche, para otros fue Johnson y para otros fue Satriani, pero eso si: de los tres Dioses, fue su noche.

Al finalizar el concierto, la misma pregunta nos hicimos: ¿Qué tienen en la mano, en el cerebro? ¿Qué o quién hace que toquen de esa manera? ¿Qué se inyectan? O ¿Con qué se drogan? ¿Hacen el amor normalmente o se imaginan a su guitarra en su pareja?

En fin, cuestiones que ni ellos mismos pudieran resolver. A fin de cuentas solo descargan las ganas de brindar puro, total y absoluto Rock & Roll.

Ya repetiremos cuando regresen, y espero que traigan a Vai, o a Fripp; o mejor aún, ¿Por qué no, se convierten en un G5?

Ahora sí, completaré la frase de mi hermano Memo:

“No sólo de Rock vive el hombre… es de lo único que debe vivir”

¡Nos vemos con The Who!

The Rolling Stones (Sus Satánicas Majestades)


SUS SATÁNICAS MAJESTADES

Los años seguirán rodando…

Por Carlos Zaldívar

Por fin, llegó el momento que pensé que no llegaría. Pasaron ocho largos años y el faltante de aquel concierto del 98 fue saciado. “ANGIE” fue entonada por Mick Jagger y la emoción fue estremecedora.

“Una canción romántica” – expresó Jagger en español y los casi 65 mil seguidores de sus majestades empuñaron encendedores al compás de tal balada.

THE ROLLING STONES, banda cuyos inicios se remonta a 1960, se presentó por tercera vez en la ciudad de México, en el magno recinto ubicado en el Autódromo, el Foro Sol.

En punto de las nueve horas con cinco minutos del pasado veintiséis de febrero, “saltó” la legendaria y más antigua banda de Rock al escenario, interpretando “JUMPIN’ JACK FLASH” y de ahí, siguieron con rolas de su más reciente producción “A BIGGER BAND”, como “ROUGH JUSTICE” y “RAIN FALL DOWN”.

THE ROLLING STONES, nombre que rinde homenaje a una canción de Muddy Waters y que lleva la banda fundada por MICK JAGGER, KEITH RICHARDS y BRIAN JONES en 1962. Después se les une en la batería CHARLIE WATTS, los guitarristas MICK TAYLOR y RON WOOD y dos años después el bajista BILL WYMAN.

Mick Taylor abandona a la banda en 1969 para unirse a The Keef Hartley Band, pero aún así es invitado para tocar en algunos tracks de álbumes posteriores y en 1974 deja definitivamente a los STONES. Bill Wyman desea dejar a la banda en 1980 y finalmente es despedido y olvidado. Brian Jones fallece y sigue siendo recordado.

Pero en fin, ya tanto se ha escrito sobre la historia de ellos, sus carreras como solistas, sus pleitos con la prensa y entre ellos mismos, divorcios, hijos, y mil proyectos más; que todo se puede encontrar, mes por mes, en su sitio oficial: www.therollingstones.com

Así pues, estos personajes son recordados cada vez que veo al cuarteto de los STONES en el escenario y que hoy no cuentan con bajista oficial, pero siempre son acompañados por excelentes músicos y coristas invitados, de quien cabe destacar a LISA, bella mujer de color, con una personalidad imponente, una voz sensual y una feminidad que cautiva a cualquier espectador.

Todos comentan que esta gira pudiera ser la del “adiós”… pero lo dudo bastante. Todos siguen con una energía envidiada por muchos. Corroboré que ocho años después regresan con más energía y que aún les faltan “bastantes años por rodar”.

Para poder gozar esta presentación pasamos algunos sinsabores, como el operativo de algunos agentes que confiscaron mercancía pirata (como acto circense para salir en los diarios) porque de cualquier manera la salida estaba infestada de vendedores; el clima que nos regaló una noche helada (o sea, un ¡puto frío!) para admirar a sus Satánicas Majestades; más de una hora de espera para que los Stones salieran al escenario y lo peor: tener que aguantar a un grupo telonero que fue abucheado y que se dedicó a “tratar de cantar”, no sé que cosas, como si fueran abortos de “programas musicales tercermundistas”….

Mis acompañantes se emocionaron, brincaron… y puño alzado, gritábamos “Rolling, Rolling, Rolling…” y es que basta ver a mis tres hijos para que me emocione más, esperando que la enseñanza musical sea para una vasta cultura.

También aparecieron "It's Only Rock ‘n' Roll", "You Got Me Rocking", "You Again", "Tumbling Dice" “Sympathy for the Devil”, “Brown Sugar” y “Start Me Up” entre otras.

Casi a las dos horas de música ininterrumpida y de un vocalista “veinteañero” corriendo por todo el escenario, nos dimos cuenta que faltaba un número interminable de hits, pero como “nadie puede tener siempre lo que quiere…” llegó el encore.

Así, el ritual de Sus Satánicas Majestades finalizó con “You Can’t Always Get What You Want” y “I Can’t Get Enough (Satisfaction)”.

Al final del concierto le siguió el rito de la playera: adquirir la prenda de vestir con ese logotipo tan famoso de Andy Warhol que ha recorrido el mundo entero, y que seguramente es más famoso que Jesucristo.

Los Stones, ya sobre los sesenta años de edad, aún tienen vitalidad como para dos décadas de puro, total, y absoluto… Rock & Roll; y si este año estamos festejando los 250 años de Mozart, espero que nuestras futuras generaciones puedan festejar los 250 años de THE ROLLING STONES.